Oh mujer del amor hermoso
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.
El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.
Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.
Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aísla
del infinito.
la sentencia siempre mora en el alma
como un juez sin voz ni rostro
que sobrevive a contramuerte de la vida.
El tiempo en su lontananza,
como en una sala incolora y vacía,
bailó dentro tuyo, buscando...
lo que estaba dentro mío.
Esa oquedad en el latido del destino
somos los dos devenidos, asidos,
a un salvavidas de misticismo.
Pueda, entonces, tu presencia de amor,
oh mujer, susurro de almíbar,
agostar el remanso que nos aísla
del infinito.
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