la musica en los balcones
Poeta recién llegado
Y llega como quien nadie la espera, el paraíso queda igual, afuera nada cambia, fuera llueve, la nada nadea y la lluvia en llovizna de alfileres de cristal se llueve, se llueve salada con sabor a despedida, pero se llueve, cuando todo el mundo la espera vestida en luz y envuelta en oro como un Ferrero Rocher, ella con un rojo pasión de tul francés, modelo evasé de Jean Paul Gaultier, se adueña de la noche y me pide que la bese. -Se acabó tu espera, me susurra a luz de vela en el terciopelo de la rinconera, llegó la hora, por fin la llegada de mi espera llega y en su clímax terminaron las tres noches de trasnoche y borrachera, son casi las once y tu cita está cerca, noventa y dos noches te esperan y quince hasta el cinco de abril para que el azul de tus ojos sean, la luna llena que me cubra cada noche, luz de primavera, vamos sube, la suite real nos espera, pero antes besame primero pirata del desconsuelo, malagueño piropero, pesadilla de Eros, pintor de besos en los letreros, besame sin tiempo, descansa tu pasión en mis labios con latidos lentos, quédate parado, varado en este lago sin viento abrazado a mi aliento, besame frank Sinatra de mi anhelo, cantame al piano la cancion que siempre me cantas la noche que me dejas y te vas con el verano, esta vez empezaremos por el final ya hemos hablado bastante, que aun quedan fresas y champán y las quiero flambear con el calor de tus besos cuanto antes, pero antes cantame esa canción, que cada vez que la cantas lloro, y quiero llorarme hasta quedar reseca pegada a tu cuerpo empezando por el final desde el principio, estando ya en ti, siendo tu piel y mi piel una.
Y aqui seguimos, solos en el piano bar, con casi tres horas estrenadas de la recien llegada, sin necesidad de espera, tan solo por gusto, ella, apoyada la cadera y con su muslo sentado en la octava mas aguda del piano y yo cantando obligado en farsete para acercarme nota a nota a la número ochenta y nueve, el do sostenido septima de sus medias de seda negra, acaba de llegar y ya me tiene loco, mi amante primavera.
Y aqui seguimos, solos en el piano bar, con casi tres horas estrenadas de la recien llegada, sin necesidad de espera, tan solo por gusto, ella, apoyada la cadera y con su muslo sentado en la octava mas aguda del piano y yo cantando obligado en farsete para acercarme nota a nota a la número ochenta y nueve, el do sostenido septima de sus medias de seda negra, acaba de llegar y ya me tiene loco, mi amante primavera.