En el olvido hallé
tus funestas palabras,
aquellas que tanto repudié.
Taladro de mis oídos,
fueron tus llantos.
Tu risa,
un falso hilo de esperanza.
Tras aquella fachada,
me enseñaste día a día
que no quedaba nada.
Más ahora pretendes,
que actúe como si nada.
Y no entiendes que lo que sentí por ti
enterrado se haya.
Última edición: