epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
DIA DE SENDERISMO
Por terminar la jornada
nuevas rutas emprendí
y en una finca de pinos,
(que ya no sé qué decir
si eran pinos a abedules
o eran flores de alhelí)
asenté mis posaderas
que al desnudo presentí
pues la humedad de la hierba
así me lo hizo sentir.
Cuando estaba más tranquilo
unos ladridos oí;
cuatro perros me ladraban
enseñando su marfil;
mas cansados de expresiones
se dirigieron a mí.
y los mordiscos que dieron
en mis carnes los sentí
pues me dejaron sin ropa,
sin honor, sin pedigrí.
Ya desnudo como Adán
al pueblo me dirigí,
mas por no entrar en pelotas
unas hojas yo cogí:
hojas genuinas de cepa
por zonas nobles cubrir.
Cual Tarzán con taparrabos,
pretendo salir de allí
pegando saltos de mono
del tamaño de un mandril
pues de cepa no eran hojas
que por otras confundí,
para aumentar mis quebrantos
y superar los del Cid.
Este es un hecho tan cierto
que la lección aprendí;
de provecho me sirvió
porque jamás repetí.
Poco después me aclararon,
la causa de mi desliz
las hojas con que cubríme,
a las que antes aludí,
ortigas eran picantes
con muy distinto matiz
muy fecundas en ardores,
¡que me lo digan a mi!
soy de picores experto
y dejo constancia aquí.
Mis piernas no se juntaron,
por la hinchazón que sufrí,
en todo el tiempo que estuve
con dolores de parir.
Parecía un pistolero
sin pistolas ni fusil
de la chulesca postura
que por dolor adquirí.
Este es fin de la historia
de un día aciago de Abril.
FIN
MORALEJA
Creamos el senderismo
con su ropa de paseo;
las tiendas en su apogeo
confirmaron su bautismo.
Se trata de un eufemismo;
conteniendo su haz y envés.
Distingue, en campo a través,
a los paseos campestres,
porque hay senderos silvestres
y también de El Corte Inglés.
Por terminar la jornada
nuevas rutas emprendí
y en una finca de pinos,
(que ya no sé qué decir
si eran pinos a abedules
o eran flores de alhelí)
asenté mis posaderas
que al desnudo presentí
pues la humedad de la hierba
así me lo hizo sentir.
Cuando estaba más tranquilo
unos ladridos oí;
cuatro perros me ladraban
enseñando su marfil;
mas cansados de expresiones
se dirigieron a mí.
y los mordiscos que dieron
en mis carnes los sentí
pues me dejaron sin ropa,
sin honor, sin pedigrí.
Ya desnudo como Adán
al pueblo me dirigí,
mas por no entrar en pelotas
unas hojas yo cogí:
hojas genuinas de cepa
por zonas nobles cubrir.
Cual Tarzán con taparrabos,
pretendo salir de allí
pegando saltos de mono
del tamaño de un mandril
pues de cepa no eran hojas
que por otras confundí,
para aumentar mis quebrantos
y superar los del Cid.
Este es un hecho tan cierto
que la lección aprendí;
de provecho me sirvió
porque jamás repetí.
Poco después me aclararon,
la causa de mi desliz
las hojas con que cubríme,
a las que antes aludí,
ortigas eran picantes
con muy distinto matiz
muy fecundas en ardores,
¡que me lo digan a mi!
soy de picores experto
y dejo constancia aquí.
Mis piernas no se juntaron,
por la hinchazón que sufrí,
en todo el tiempo que estuve
con dolores de parir.
Parecía un pistolero
sin pistolas ni fusil
de la chulesca postura
que por dolor adquirí.
Este es fin de la historia
de un día aciago de Abril.
FIN
MORALEJA
Creamos el senderismo
con su ropa de paseo;
las tiendas en su apogeo
confirmaron su bautismo.
Se trata de un eufemismo;
conteniendo su haz y envés.
Distingue, en campo a través,
a los paseos campestres,
porque hay senderos silvestres
y también de El Corte Inglés.