epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entro en campo de amapolas,
tan gualdas como el añil
del árbol esplendorosas
quieren su olor repartir
entre el labriego que siembra
y el senderista andarín.
Un corrimiento de tripas
para aumentar mi sufrir
vino a hacerme compañía
y no lo pude eludir.
Después de reparar fuerzas,
dejando un recuerdo vil,
ni corto ni perezoso
a otro campo acudí,
pues mi amor por la aventura
lo vivo con frenesí.
Tuve que saltar espinos
allá, acullá y aquí;
con alambrado de zarzas
el pantalón me rompí
y con tafanario al aire
en otra lío me vi.
Dentro una vaca brava,
que por lechera creí
dióme leche sin respeto
que en canal me pudo abrir
pues sus cuernos afilados
apunta a zona viril.
Si algo salvé de milagro
fue mi porte juvenil.
Vuelvo a saltar de nuevo,
por cambiar de porvenir
con la ayuda de la vaca
que ofrecióse muy gentil.
y la caricia del cuerno
de nuevo vuelvo a sufrir.
Mas puntas tienen las zarzas
que la cama de un faquir
y dos cuernos una vaca
que cortan cual bisturí.
Sigo adelante el camino,
nada me lo ha de impedir;
oigo cantar a un jilguero:
“Do re mi fa sol la si”.
¿o eran cantares de grillo
que yo no sé distinguir?
Mas sus trinos, ora graves
ora agudos percibí
que con otros se terciaban:
jia, jia jia, ji.
Como cantos de sirena
me parecieron a mí.
Supino fue tal error
cuando orejas grandes vi
de un animal enorme
que saltaba del pretil
y en plan muy poco amistoso
de él dos coces recibí,
pues rebuzno era de burro
que más tarde descubrí.
La vida sana del campo
No se hizo para mí. ................... (continuará)
tan gualdas como el añil
del árbol esplendorosas
quieren su olor repartir
entre el labriego que siembra
y el senderista andarín.
Un corrimiento de tripas
para aumentar mi sufrir
vino a hacerme compañía
y no lo pude eludir.
Después de reparar fuerzas,
dejando un recuerdo vil,
ni corto ni perezoso
a otro campo acudí,
pues mi amor por la aventura
lo vivo con frenesí.
Tuve que saltar espinos
allá, acullá y aquí;
con alambrado de zarzas
el pantalón me rompí
y con tafanario al aire
en otra lío me vi.
Dentro una vaca brava,
que por lechera creí
dióme leche sin respeto
que en canal me pudo abrir
pues sus cuernos afilados
apunta a zona viril.
Si algo salvé de milagro
fue mi porte juvenil.
Vuelvo a saltar de nuevo,
por cambiar de porvenir
con la ayuda de la vaca
que ofrecióse muy gentil.
y la caricia del cuerno
de nuevo vuelvo a sufrir.
Mas puntas tienen las zarzas
que la cama de un faquir
y dos cuernos una vaca
que cortan cual bisturí.
Sigo adelante el camino,
nada me lo ha de impedir;
oigo cantar a un jilguero:
“Do re mi fa sol la si”.
¿o eran cantares de grillo
que yo no sé distinguir?
Mas sus trinos, ora graves
ora agudos percibí
que con otros se terciaban:
jia, jia jia, ji.
Como cantos de sirena
me parecieron a mí.
Supino fue tal error
cuando orejas grandes vi
de un animal enorme
que saltaba del pretil
y en plan muy poco amistoso
de él dos coces recibí,
pues rebuzno era de burro
que más tarde descubrí.
La vida sana del campo
No se hizo para mí. ................... (continuará)