epimeteo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Seguí mi camino andando
cuando cerca vi a un labriego
montado en su borriquillo
con jubón sanchopancesco,
de aspecto un tanto cetrino
como surgido del suelo.
Me pongo pronto a su altura
para pedirle consejo
que su sapiencia del campo
me puede dar mucho juego:
¿Tuviera a bien de instruir
a este pobre andariego?
pregunto resueltamente
y él me mira con recelo.
Me observa de arriba abajo,
por mor de mi mal atuendo,
con la ropa hecha jirones
y mi cuerpo contrahecho
“Pregunte usted lo que quiera”
me dice tan noble viejo.
Con un hálito de voz
por cansancio y sin resuello,
yo le expongo en tono humilde
mi escaso conocimiento,
pues de las cosas del campo
casi ninguna yo entiendo:
“Yo no sé sembrar patatas
ni ciruelas ni ciruelos;
ni en la vida distinguí
una liebre de un camello”
Lo que entre comillas pongo
me lo explica el buen labriego:
“Todo lo que ve crecer
sembrado ha sido primero”
y hasta alguno de nosotros
forma parte del terreno.
Y me vino a la memoria
(de la que tanto carezco)
película ilustrativa
de lo que me dice el viejo:
“Amanece que no es poco”
¡hombres que nacen del suelo!
No sé si en serio o en broma
me contestaba el abuelo
al ser mi ignorancia mucha
fácilmente pico anzuelo.
No muy lejos del lugar,
al otro lado de un huerto,
oigo un canto conocido;
que despertó el sentimiento:
cu cu cu cu cu cu cu
repetía con gracejo.
Mi mente se iluminó
y me vino un buen recuerdo
de un viejo reloj de cuco
que de mi abuela yo tengo.
Porque quise presumir
de mi sapiencia ante el viejo
le expuse resueltamente
mi conocimiento añejo:
¿A quién se le habrá ocurrido,
pues hay que ser gran pendejo,
plantar un reloj de cuco
que en Abril no habría que hacerlo?
¿Pues no es Noviembre buen mes
para sembrar uno nuevo?
Le miro muy fijamente
y espero su asentimiento.
Mas su mirada siniestra
noté de apercibimiento.
Bajándose de la burra
y sin hacer un comento
cogió su vara de roble,
que no sé si era un sarmiento;
y tanto cargó mis espaldas
que hasta reía el jumento,
al tiempo que me decía:
“Verás que vas aprendiendo”.
y la lección aprendí
lo saben hasta los muertos.
Aunque no sé si el poeta
que gerundios va metiendo.
Soy un tonto de remate,
pensé para mis adentros,
por permitir a la lengua
exponer el pensamiento. .................CONTINUARÁ
cuando cerca vi a un labriego
montado en su borriquillo
con jubón sanchopancesco,
de aspecto un tanto cetrino
como surgido del suelo.
Me pongo pronto a su altura
para pedirle consejo
que su sapiencia del campo
me puede dar mucho juego:
¿Tuviera a bien de instruir
a este pobre andariego?
pregunto resueltamente
y él me mira con recelo.
Me observa de arriba abajo,
por mor de mi mal atuendo,
con la ropa hecha jirones
y mi cuerpo contrahecho
“Pregunte usted lo que quiera”
me dice tan noble viejo.
Con un hálito de voz
por cansancio y sin resuello,
yo le expongo en tono humilde
mi escaso conocimiento,
pues de las cosas del campo
casi ninguna yo entiendo:
“Yo no sé sembrar patatas
ni ciruelas ni ciruelos;
ni en la vida distinguí
una liebre de un camello”
Lo que entre comillas pongo
me lo explica el buen labriego:
“Todo lo que ve crecer
sembrado ha sido primero”
y hasta alguno de nosotros
forma parte del terreno.
Y me vino a la memoria
(de la que tanto carezco)
película ilustrativa
de lo que me dice el viejo:
“Amanece que no es poco”
¡hombres que nacen del suelo!
No sé si en serio o en broma
me contestaba el abuelo
al ser mi ignorancia mucha
fácilmente pico anzuelo.
No muy lejos del lugar,
al otro lado de un huerto,
oigo un canto conocido;
que despertó el sentimiento:
cu cu cu cu cu cu cu
repetía con gracejo.
Mi mente se iluminó
y me vino un buen recuerdo
de un viejo reloj de cuco
que de mi abuela yo tengo.
Porque quise presumir
de mi sapiencia ante el viejo
le expuse resueltamente
mi conocimiento añejo:
¿A quién se le habrá ocurrido,
pues hay que ser gran pendejo,
plantar un reloj de cuco
que en Abril no habría que hacerlo?
¿Pues no es Noviembre buen mes
para sembrar uno nuevo?
Le miro muy fijamente
y espero su asentimiento.
Mas su mirada siniestra
noté de apercibimiento.
Bajándose de la burra
y sin hacer un comento
cogió su vara de roble,
que no sé si era un sarmiento;
y tanto cargó mis espaldas
que hasta reía el jumento,
al tiempo que me decía:
“Verás que vas aprendiendo”.
y la lección aprendí
lo saben hasta los muertos.
Aunque no sé si el poeta
que gerundios va metiendo.
Soy un tonto de remate,
pensé para mis adentros,
por permitir a la lengua
exponer el pensamiento. .................CONTINUARÁ
Última edición: