TAVOAM
Poeta veterano
Dedicado a una señora que perdió a su hija embarazada en 1976 bajo el régimen del proceso.
Esta carta sin ideologías políticas ni sociales, solo hablando de vida y de muerte, entender el verdadero dolor de quien pierde a sus seres queridos de una manera absurda.
Mientras se fabriquen armas para la guerra, yo pisaré estos campos sobreviviendo Víctor Heredia.
SU VIDA Y LA TUYA, MI FANTASIA
En la esquina del viejo barrio,
donde se esfumaron si aviso,
los mil besos que esperaban e tu labio,
que aun esperan, en vano, mis mejillas,
donde escondieron sin nacer, tu añorado bebé,
sus primeras palabras, tres pasito seguido, un triciclo . . .
su lactancia, tu maternidad, nos robaron.
Tanto abriles sin matear atardeceres, nos impusieron,
tantos verano si mar, ni castillos en la playa,
sin su diez mil preguntas,
y tus veinte mil incansables respuestas,
su niñez, tus enseñanzas, nos arrebataron.
Algún amor adolescente, y tu cuidado,
sus años de facultad, un diploma como el tuyo quizás,
los mil abrazos que se fueron en tus huesos,
que se derraman en mis sueños,
su juventud, tu madurez, asesinaron.
Exitos, fracasos, su peleas, mis cariños,
tus tiempos apretado, mi ayuda y consejos anciano,
tu mirada, una mesa compartida en familia,
tus visitas sorpresa, y las suyas;
sus hijos, tus nietos, mis bisnietos,
con sus primeras palabras, tres pasitos seguidos . . .
y el mismo triciclo.
Tu vida, nuestra vida, nos mataron.
Me dejaron mil pasos heridos cada miércoles,
un pañuelo dibujando dolor eterno,
su mirar idéntico al tuyo, y al mío,
pero desaparecido.
Me dejaron tu muerte y su ausencia,
su vida entera, y todo lo que seguía en la tuya hija mía,
fantaseada por mi imaginación;
y mi corazón apagado
tan apagado, casi tanto como el tuyo.
1976, yo estaba en la panza de mi madre en Buenos Aires,
soy un sobreviviente.
Esta carta sin ideologías políticas ni sociales, solo hablando de vida y de muerte, entender el verdadero dolor de quien pierde a sus seres queridos de una manera absurda.
Mientras se fabriquen armas para la guerra, yo pisaré estos campos sobreviviendo Víctor Heredia.
SU VIDA Y LA TUYA, MI FANTASIA
En la esquina del viejo barrio,
donde se esfumaron si aviso,
los mil besos que esperaban e tu labio,
que aun esperan, en vano, mis mejillas,
donde escondieron sin nacer, tu añorado bebé,
sus primeras palabras, tres pasito seguido, un triciclo . . .
su lactancia, tu maternidad, nos robaron.
Tanto abriles sin matear atardeceres, nos impusieron,
tantos verano si mar, ni castillos en la playa,
sin su diez mil preguntas,
y tus veinte mil incansables respuestas,
su niñez, tus enseñanzas, nos arrebataron.
Algún amor adolescente, y tu cuidado,
sus años de facultad, un diploma como el tuyo quizás,
los mil abrazos que se fueron en tus huesos,
que se derraman en mis sueños,
su juventud, tu madurez, asesinaron.
Exitos, fracasos, su peleas, mis cariños,
tus tiempos apretado, mi ayuda y consejos anciano,
tu mirada, una mesa compartida en familia,
tus visitas sorpresa, y las suyas;
sus hijos, tus nietos, mis bisnietos,
con sus primeras palabras, tres pasitos seguidos . . .
y el mismo triciclo.
Tu vida, nuestra vida, nos mataron.
Me dejaron mil pasos heridos cada miércoles,
un pañuelo dibujando dolor eterno,
su mirar idéntico al tuyo, y al mío,
pero desaparecido.
Me dejaron tu muerte y su ausencia,
su vida entera, y todo lo que seguía en la tuya hija mía,
fantaseada por mi imaginación;
y mi corazón apagado
tan apagado, casi tanto como el tuyo.
1976, yo estaba en la panza de mi madre en Buenos Aires,
soy un sobreviviente.
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