manuelo
Poeta fiel al portal
Se fué sin hacer ruido
de otra forma la habría oído,
y supongo que se iría,
en zapatos de tacón,
hacia la peluquería.
En cuanto dejé a Morfeo,
me desperté, y abrí un ojo,
púseme raudo en remojo
ya de espaldas ya de frente
bajo la ducha caliente.
Me afeité como bien pude
de la luz yo no me quejo,
mas sí del vaho del espejo;
en el cristal dejé huella
y escribí “Es el día de “Ella””.
Luego me lavé los dientes,
me peiné, puse colonia,
serían ya las diez y veinte,
cuando, por fin, acabé.
¿Voy de viaje, pensé?
Ay cuántas veces viajé
por la Francia, Italia, Grecia,
México, La Gran Bretaña…
Me llevó su fantasía
por muchas tierras extrañas,
sin salir de Andalucía.
Y no he querido ser menos.
Salí a comprarle una flor,
de esas que huelen muy fuerte,
nardos creo que se llaman,
a la Calle de la Fuente;
y escribí versos de “amor”,
echado sobre una esquina
mientras pasaba la gente,
y yo miraba hacia arriba,
muy disimuladamente.
Me dijeron “aún no hay nardos,
que es la flor que más le gusta";
"pues bien, deme usted la rosa".
En fin, cosas de la “vía”.
He aquí lo que escribía:
Te he escrito una poesía,
muy tonta, un poema
sentimental; es tu día,
si no te gusta ¡lo quemas!:
“Desde el Ártico al Antártico
desde el Oriente al Poniente
no hay mujer más generosa
ni más sincera y valiente,
ni que posea tu encanto,
o tenga tu don de gentes;
para mí eres una rosa,
por eso quise quererte
por eso te quiero tanto”
“Metes o sacas del bolso
tus gafas, la lotería,
el móvil, el cargador,
y tus recuerdos de amor;
esperanzas incumplidas,
tus deseos, tu dolor,
y batallas ya perdidas
que la mentira ganó;
con razón va tan cargado,
es tan grande, y tanto pesa,
mitad risa, mitad llanto,
por eso te quiero tanto"
de otra forma la habría oído,
y supongo que se iría,
en zapatos de tacón,
hacia la peluquería.
En cuanto dejé a Morfeo,
me desperté, y abrí un ojo,
púseme raudo en remojo
ya de espaldas ya de frente
bajo la ducha caliente.
Me afeité como bien pude
de la luz yo no me quejo,
mas sí del vaho del espejo;
en el cristal dejé huella
y escribí “Es el día de “Ella””.
Luego me lavé los dientes,
me peiné, puse colonia,
serían ya las diez y veinte,
cuando, por fin, acabé.
¿Voy de viaje, pensé?
Ay cuántas veces viajé
por la Francia, Italia, Grecia,
México, La Gran Bretaña…
Me llevó su fantasía
por muchas tierras extrañas,
sin salir de Andalucía.
Y no he querido ser menos.
Salí a comprarle una flor,
de esas que huelen muy fuerte,
nardos creo que se llaman,
a la Calle de la Fuente;
y escribí versos de “amor”,
echado sobre una esquina
mientras pasaba la gente,
y yo miraba hacia arriba,
muy disimuladamente.
Me dijeron “aún no hay nardos,
que es la flor que más le gusta";
"pues bien, deme usted la rosa".
En fin, cosas de la “vía”.
He aquí lo que escribía:
Te he escrito una poesía,
muy tonta, un poema
sentimental; es tu día,
si no te gusta ¡lo quemas!:
“Desde el Ártico al Antártico
desde el Oriente al Poniente
no hay mujer más generosa
ni más sincera y valiente,
ni que posea tu encanto,
o tenga tu don de gentes;
para mí eres una rosa,
por eso quise quererte
por eso te quiero tanto”
“Metes o sacas del bolso
tus gafas, la lotería,
el móvil, el cargador,
y tus recuerdos de amor;
esperanzas incumplidas,
tus deseos, tu dolor,
y batallas ya perdidas
que la mentira ganó;
con razón va tan cargado,
es tan grande, y tanto pesa,
mitad risa, mitad llanto,
por eso te quiero tanto"
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