EINSAME DAME
Poeta recién llegado
La niebla cae irremediablemente
en aquellos avatares del destino,
amarrados al continuo silencio,
limitados al suplicio de mi mente.
Las rodillas se sujetan en el aire,
las veletas soplan sin sentido,
el horizonte pierde su objetivo,
el invierno me impone su desaire.
La lluvia me golpea decadente,
truenos me advierten lo vivido,
relámpagos consiguen el motivo,
martirizar a este agobiado ente.
El viento ya no me convence,
lleva albergado el remordimiento,
Tus torbellinos como puñales siento,
Desdichadamente esto me vence.
Y constante en la ficción
ya no encuentro posición;
mucho menos la razón,
De esta terrible cuestión.
en aquellos avatares del destino,
amarrados al continuo silencio,
limitados al suplicio de mi mente.
Las rodillas se sujetan en el aire,
las veletas soplan sin sentido,
el horizonte pierde su objetivo,
el invierno me impone su desaire.
La lluvia me golpea decadente,
truenos me advierten lo vivido,
relámpagos consiguen el motivo,
martirizar a este agobiado ente.
El viento ya no me convence,
lleva albergado el remordimiento,
Tus torbellinos como puñales siento,
Desdichadamente esto me vence.
Y constante en la ficción
ya no encuentro posición;
mucho menos la razón,
De esta terrible cuestión.
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