CUENDE
Poeta recién llegado
Hombre: - Dicen que soy infiel. Infiel a unos y a otros.
Dios: - ¿Quién lo dice?.
Hombre: - No sé, ellos. El matrimonio, la pareja,
los moradores de tu casa, algún amigo.
Dios: - ¿Y tú, qué dices?.
Hombre: - Bueno...yo también lo creo.
Dios: - Oye, por cierto, ¿qué es eso de ser infiel?.
Te lo pregunto confidencialmente, se supone que tengo
que saberlo todo y... yo nuca he practicado.
Hombre: - Pues ser infiel es...bueno...es...
encontrar OTROS ojos que te miran gratos de amor,
de alegría, de pasión...pupilas dilatadas.
Es dejarse acariciar el rostro por OTRA mano
que te hace sentir niño.
Es buscar OTRO oído para compartir a Vivaldi
o a Mozart cuando estás solo en el atardecer de una playa.
Es desear a OTRA mujer que está mirando el horizonte
mientras su rizado cabello se mueve libre y su pecho
se hincha con el frescor del mar; acercarte y abrazarla
para descubrir su cuerpo nuevo, desconocido, diferente y,
al terminar, despedirnos llenos de gozo para guardarlo
en la memoria como un tesoro sin necesidad de más.
Dios: - ¿Y ellos dicen que esto es grave?.
Hombre: - Sí.
Dios: - Sinceramente, no me parece tan grave.
¡Es como volver a mi primera finca en la tierra,
al paraíso!.
No se lo digas a nadie, será nuestro tesoro.
A partir de ahora seré infiel a Dios...¿pero qué
estoy diciendo?... Al infierno, al mundo,
infiel a todo y a todos.
A todos menos a mí y a ti.
He dicho.
Hombre: -Perdone, pero acaba usted de matarme.
Dios: - ¿Quién lo dice?.
Hombre: - No sé, ellos. El matrimonio, la pareja,
los moradores de tu casa, algún amigo.
Dios: - ¿Y tú, qué dices?.
Hombre: - Bueno...yo también lo creo.
Dios: - Oye, por cierto, ¿qué es eso de ser infiel?.
Te lo pregunto confidencialmente, se supone que tengo
que saberlo todo y... yo nuca he practicado.
Hombre: - Pues ser infiel es...bueno...es...
encontrar OTROS ojos que te miran gratos de amor,
de alegría, de pasión...pupilas dilatadas.
Es dejarse acariciar el rostro por OTRA mano
que te hace sentir niño.
Es buscar OTRO oído para compartir a Vivaldi
o a Mozart cuando estás solo en el atardecer de una playa.
Es desear a OTRA mujer que está mirando el horizonte
mientras su rizado cabello se mueve libre y su pecho
se hincha con el frescor del mar; acercarte y abrazarla
para descubrir su cuerpo nuevo, desconocido, diferente y,
al terminar, despedirnos llenos de gozo para guardarlo
en la memoria como un tesoro sin necesidad de más.
Dios: - ¿Y ellos dicen que esto es grave?.
Hombre: - Sí.
Dios: - Sinceramente, no me parece tan grave.
¡Es como volver a mi primera finca en la tierra,
al paraíso!.
No se lo digas a nadie, será nuestro tesoro.
A partir de ahora seré infiel a Dios...¿pero qué
estoy diciendo?... Al infierno, al mundo,
infiel a todo y a todos.
A todos menos a mí y a ti.
He dicho.
Hombre: -Perdone, pero acaba usted de matarme.