Teo Moran
Poeta fiel al portal
Es tarde en el diálogo de los muertos
que lloran en la punta del lápiz y sangran…
Rumiante en las plazas llenas y redondas,
sombras en la tarde que hieren sin forma
en los peldaños que beben de la fuente
con la sabiduría de las frases sin sentido,
que dejan caer las hojas en el desván del alma
y esta se hace muerte, sumisa palabra.
Tomo del ocaso de la tarde su boca alegre,
el misterio que me hace horadar la roca
donde los muertos crecen con su fría piel
callando el temor que nace de su silencio,
mas dicen que se llaman ausencia y soledad,
vano espíritu de abrevaderos y calles vacías,
mas son aristas en la piedra de los días inocuos
que gobiernan los pasos en la calle sombría
con el aroma que vierten las flores etéreas
y dan vida a la inconstancia del poema…
Soy pastor de ovejas en la montaña pelada,
un médico sin doctrina que envenena el cuerpo
y deja morir la razón con diagnósticos errados,
soy preso de la tarde que envenena el amor
con sus escuálidas manos y sus finos dedos,
soy una fosa donde duermen los recuerdos
en la profundidad de los callados suspiros
y en la prontitud de la noche en el invierno,
en la oscuridad del olvido seré la palabra
que alcanzará ser un diálogo de muertos.
que lloran en la punta del lápiz y sangran…
Rumiante en las plazas llenas y redondas,
sombras en la tarde que hieren sin forma
en los peldaños que beben de la fuente
con la sabiduría de las frases sin sentido,
que dejan caer las hojas en el desván del alma
y esta se hace muerte, sumisa palabra.
Tomo del ocaso de la tarde su boca alegre,
el misterio que me hace horadar la roca
donde los muertos crecen con su fría piel
callando el temor que nace de su silencio,
mas dicen que se llaman ausencia y soledad,
vano espíritu de abrevaderos y calles vacías,
mas son aristas en la piedra de los días inocuos
que gobiernan los pasos en la calle sombría
con el aroma que vierten las flores etéreas
y dan vida a la inconstancia del poema…
Soy pastor de ovejas en la montaña pelada,
un médico sin doctrina que envenena el cuerpo
y deja morir la razón con diagnósticos errados,
soy preso de la tarde que envenena el amor
con sus escuálidas manos y sus finos dedos,
soy una fosa donde duermen los recuerdos
en la profundidad de los callados suspiros
y en la prontitud de la noche en el invierno,
en la oscuridad del olvido seré la palabra
que alcanzará ser un diálogo de muertos.