café en chernobyl
Poeta recién llegado
Madre, sálvame de la miseria,
siento que el mundo cae sobre mí,
ya no soy el chiquillo que podía retar el mundo.
¿Dios donde estás? Donde estuviste siempre,
no es gracioso burlarse del dolor.
¡Buda!, dame tranquilidad, los pies en el loto
son húmedos, los arboles tienen cloroformo.
Mi mujer, como extraño a mi mujer,
una presencia en la ausencia,
un sustantivo que hacía de verbo y predicado.
Camino mucho, a veces sin saber a dónde voy,
los jeans me quedan suelto
y el apetito se extingue como un cometa.
Padre, necesito un abrazo,
llorar por cosas que no sé. Como una montaña,
un balaustre, una bala triste y una roca
de peso.
Hermano, ¿acaso se mide la fortaleza por las
látigos que uno recibe?
Me siento mal, abuela,
¿tengo que aparentar dureza como un cuarzo,
ser cruel como una espada sin filo?
Me divierto con un porro en la mano
hablando de Jazz y películas Pin Up,
dejando pasar la noche,
dejando ir la furia de la madrugada.
Ese cuerpo cálido que uno abraza
desaparece.
Esa cintura bonita y sin forma
que es parte del festín y costumbre
se va.
No quiero buscar más. No quiero ensañarme con el amor.
Es peligroso.
Es sabina de sotas y hongos.
Es oquedal de minas y camposantos de seres queridos.
Faltan lágrimas
Falta profundidad para caer, el océano es mediano,
la luna esta bien lejos.
Podemos injuriar. No. no. Woo. Woo.
la sangre fluye por el andén, por el acantilado,
por el expreso, por el metro, por la tv.
Nona, ¿por qué no vienes a recogerme?
estoy ebrio, y lloro por qué algo me duele en el pecho.
Te quiero. Por qué te alejaste de mi.
No hay cosas más importantes, solo hay más cosas.
Añoro tu comida, tus manos, tu dedicación.
Bailo, y caigo entre unas sillas
blancas.
Eres importante y no te veo.
No te veo y me siento como ausente,
como una paloma que vuela porque es deber de volar.
Abuela, tú que me ponías
las sábanas, tú que hacías de los corderos
parte de mi vida, tú que eras la felicidad de mi niñez.
No te veo.
No soy tan fuerte como aparento,
el afecto es mayor.
Diana te amo. Diana la poesía vino a mi como parte de avión.
Ella vigila cuando duermo, en su hamaca, en su reclinable.
Dejaría de escribir a tu compañia,
y es como ese shock de verte de manera permanente.
Pero no se da. no se dio.
Soy alguien perdido en otra época.
siento que el mundo cae sobre mí,
ya no soy el chiquillo que podía retar el mundo.
¿Dios donde estás? Donde estuviste siempre,
no es gracioso burlarse del dolor.
¡Buda!, dame tranquilidad, los pies en el loto
son húmedos, los arboles tienen cloroformo.
Mi mujer, como extraño a mi mujer,
una presencia en la ausencia,
un sustantivo que hacía de verbo y predicado.
Camino mucho, a veces sin saber a dónde voy,
los jeans me quedan suelto
y el apetito se extingue como un cometa.
Padre, necesito un abrazo,
llorar por cosas que no sé. Como una montaña,
un balaustre, una bala triste y una roca
de peso.
Hermano, ¿acaso se mide la fortaleza por las
látigos que uno recibe?
Me siento mal, abuela,
¿tengo que aparentar dureza como un cuarzo,
ser cruel como una espada sin filo?
Me divierto con un porro en la mano
hablando de Jazz y películas Pin Up,
dejando pasar la noche,
dejando ir la furia de la madrugada.
Ese cuerpo cálido que uno abraza
desaparece.
Esa cintura bonita y sin forma
que es parte del festín y costumbre
se va.
No quiero buscar más. No quiero ensañarme con el amor.
Es peligroso.
Es sabina de sotas y hongos.
Es oquedal de minas y camposantos de seres queridos.
Faltan lágrimas
Falta profundidad para caer, el océano es mediano,
la luna esta bien lejos.
Podemos injuriar. No. no. Woo. Woo.
la sangre fluye por el andén, por el acantilado,
por el expreso, por el metro, por la tv.
Nona, ¿por qué no vienes a recogerme?
estoy ebrio, y lloro por qué algo me duele en el pecho.
Te quiero. Por qué te alejaste de mi.
No hay cosas más importantes, solo hay más cosas.
Añoro tu comida, tus manos, tu dedicación.
Bailo, y caigo entre unas sillas
blancas.
Eres importante y no te veo.
No te veo y me siento como ausente,
como una paloma que vuela porque es deber de volar.
Abuela, tú que me ponías
las sábanas, tú que hacías de los corderos
parte de mi vida, tú que eras la felicidad de mi niñez.
No te veo.
No soy tan fuerte como aparento,
el afecto es mayor.
Diana te amo. Diana la poesía vino a mi como parte de avión.
Ella vigila cuando duermo, en su hamaca, en su reclinable.
Dejaría de escribir a tu compañia,
y es como ese shock de verte de manera permanente.
Pero no se da. no se dio.
Soy alguien perdido en otra época.
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