Armonia
Poeta veterana
En la mesa de noche,
descansan nuestros diarios,
miles de historias yacen allí,
cuerpos que se unen presurosos.
Páginas que guardan en recuerdos
caricias, deseos, pasión;
el néctar que impregnaba la conciencia,
el recelo de furtivos encuentros
y la imagen de tus labios sobre mí.
Mis labios, ardiendo como brasas
van quemando cada poro de tu piel,
eludiendo las gotas de sudor
para no apagarse, por no morir.
Mis manos enlazadas a tu cuerpo
me devuelven ese eco de latidos
que destilan gemidos entrecortados
reviviendo mil veces mi pecho.
Gemidos que se anidan en mi oído,
van cayendo luego al lecho,
haciendo de esta noche perpleja
la más pasional de la existencia.
Con fluidos de caricias
navegamos hasta el cielo;
y mil gotas de sudor
nos sirven como amuleto;
confinados en secretos,
fantasías y deseos,
abrazados somos uno
silenciando nuestros verbos.
Te recorro poco a poco,
y nerviosa, ya, tiritas;
me suplicas que no siga,
pero tu mano me guía.
Dejo mi beso en tu vientre,
ya tu mirada está fija;
despacio dices: "detente"
pero mi camino es prisa.
Me decoro con tus manos,
la sublime geografía,
los montes de mi cordura
estallan entre tus prisas...
te requiero en mis alturas
y tu boca me hace brisa.
Tu calor me entrega alas
que no quiero utilizar
quiero bajar a tu hoguera
estrecharme en tu simiente.
Ya mi fuego te consume,
te calcina, penetrando esa barrera,
entre el amor y lujuria
convirtiendo un abrazo de pasión,
en la más ardiente escencia.
Desgárrame las promesas,
en esta noche increíble
y en el momento del éxtasis,
profundiza mi energía,
permitámonos que el clímax
sea nuestra compañía.
He pasado el límite del deseo
mi boca jadeante te llena de besos
las caderas delinean,
de nuestros húmedos sexos,
la frontera.
Deslizando una plegaria
por el borde de tus besos
pues deseo que conmigo
llegue el final de tu tiempo,
colgados uno del otro
emitiendo un juramento,
en el abismo furtivo
de tu sexo y de mi sexo.
descansan nuestros diarios,
miles de historias yacen allí,
cuerpos que se unen presurosos.
Páginas que guardan en recuerdos
caricias, deseos, pasión;
el néctar que impregnaba la conciencia,
el recelo de furtivos encuentros
y la imagen de tus labios sobre mí.
Mis labios, ardiendo como brasas
van quemando cada poro de tu piel,
eludiendo las gotas de sudor
para no apagarse, por no morir.
Mis manos enlazadas a tu cuerpo
me devuelven ese eco de latidos
que destilan gemidos entrecortados
reviviendo mil veces mi pecho.
Gemidos que se anidan en mi oído,
van cayendo luego al lecho,
haciendo de esta noche perpleja
la más pasional de la existencia.
Con fluidos de caricias
navegamos hasta el cielo;
y mil gotas de sudor
nos sirven como amuleto;
confinados en secretos,
fantasías y deseos,
abrazados somos uno
silenciando nuestros verbos.
Te recorro poco a poco,
y nerviosa, ya, tiritas;
me suplicas que no siga,
pero tu mano me guía.
Dejo mi beso en tu vientre,
ya tu mirada está fija;
despacio dices: "detente"
pero mi camino es prisa.
Me decoro con tus manos,
la sublime geografía,
los montes de mi cordura
estallan entre tus prisas...
te requiero en mis alturas
y tu boca me hace brisa.
Tu calor me entrega alas
que no quiero utilizar
quiero bajar a tu hoguera
estrecharme en tu simiente.
Ya mi fuego te consume,
te calcina, penetrando esa barrera,
entre el amor y lujuria
convirtiendo un abrazo de pasión,
en la más ardiente escencia.
Desgárrame las promesas,
en esta noche increíble
y en el momento del éxtasis,
profundiza mi energía,
permitámonos que el clímax
sea nuestra compañía.
He pasado el límite del deseo
mi boca jadeante te llena de besos
las caderas delinean,
de nuestros húmedos sexos,
la frontera.
Deslizando una plegaria
por el borde de tus besos
pues deseo que conmigo
llegue el final de tu tiempo,
colgados uno del otro
emitiendo un juramento,
en el abismo furtivo
de tu sexo y de mi sexo.
Caballero Negro // Armonía
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