Confusa madeja de nubes,
errante, inconsistente, cual reloj a la inversa
balbuceando silencios ciegos.
Tallado estás en columnas de un dios desconocido.
Así llegas, en el temblor de una hoja exiliada,
camino de un invierno sin fronteras.
En tus labios formados en silencio
llevas la sonrisa de una plaza dormida,
de niños con ojos de ventana,
de manos selladas en bolsillos.
Canturrean tu réquiem los cables enmarañados
que deambulan en espacios perdidos,
en huellas de amantes de bolsillos rotos.
Los patios con ojos infinitos
se detienen en alambres a contemplarte,
mientras sus paredes con texturas de inviernos
murmuran soledades desprendidas.
En el cause de tus horas
el futuro oscila en un presente solapado,
arena ardiente acunando el agua,
cáliz de un ritual desbordado de ausencias.
A veces muy pocas veces,
atravieso el velo por la ventana
de un minuto perdido.