Cerrados están mis ojos, sin dimensión de nada,
sólo el amor vivido, el calor retenido en mi cuerpo,
esa noche de sol.
Sereno respiro,
y en este oscuro silencio a ti no renuncio,
por mas que en la piel tenga,
majaderas angustias, de minutos muertos pastando,
tiempo que ignoré como un tonto dormido,
dejando pasar por mi corazón, un huracán,
cayendo de cartón el castillo,
de ladrillos construido.
Ahora en mi lecho,
tu recuerdo permanente,
no olvidaré nunca que fue abrigo,
tu cuerpo del mío.
Si a mis pies,
el mundo inesperadamente se abre,
y latidos florecen al insinuar tus labios, un beso,
por siempre atraparé el amor
que retener no supe.