Antonio Díaz
Poeta recién llegado
Ese quizás cicatrizado bajo la pureza de unas sabanas.
Esa paloma cansada refugiada en su forjado nido.
Ese tal vez disfrazado de mentiras.
Esa lluvia que bañaba los motivos.
Ese silbido aspirante a un estallido latente.
Un castigo que funde las farolas y un pecado que las enciende.
Un susurro entre palabras que no dicen nada.
Una tarde versándote al oído con las luces apagadas.
Porque diciembre fue frió pero a la vez quemaba.
Esa marioneta movida por el viento.
Esa suerte en manos de un sargento.
Esa palabra procedente de tu boca.
Ese regalo que jamás llego a ser abierto.
Ese invierno que buscaba un abrigo bajo el que resguardarse.
Un fracaso que robaba el tiempo a los momentos más in.usuales.
Esos incesantes delirios que penetraban
Y esa silueta escondida tras los rosales.
Porque diciembre fue un principio.
Un principio que no acaba.
Esa paloma cansada refugiada en su forjado nido.
Ese tal vez disfrazado de mentiras.
Esa lluvia que bañaba los motivos.
Ese silbido aspirante a un estallido latente.
Un castigo que funde las farolas y un pecado que las enciende.
Un susurro entre palabras que no dicen nada.
Una tarde versándote al oído con las luces apagadas.
Porque diciembre fue frió pero a la vez quemaba.
Esa marioneta movida por el viento.
Esa suerte en manos de un sargento.
Esa palabra procedente de tu boca.
Ese regalo que jamás llego a ser abierto.
Ese invierno que buscaba un abrigo bajo el que resguardarse.
Un fracaso que robaba el tiempo a los momentos más in.usuales.
Esos incesantes delirios que penetraban
Y esa silueta escondida tras los rosales.
Porque diciembre fue un principio.
Un principio que no acaba.