JoelPerez
Poeta recién llegado
Ya son las diez, aún no es de noche,
las copas estaban vacías, el vino vino a ti,
cerramos las botellas de ayer,
y acabamos en una playa sin amanecer.
Pensamos en casarnos místicamente,
decíamos ser los mejores besando,
ya que mil mujeres y hombres tocamos,
son muchas vidas amando,
en todas ellas nos hemos encontrado.
El fuego del amor se hizo cenizas,
los corazones se congelaron,
en las horas de agonía.
Cuando el reloj marcó las diez,
me di cuenta de que en esta vida
volvías a dejarme,
cambiaste el amor por algo más de alcohol.
Hoy no recuerdo tus ojos,
no me quejo del mal momento,
conocimos la vergüenza,
la compasión sin sentido,
amar a otros pero sin dejar de cogernos del corazón.
Tu beso en la mejilla me dio lo que dios no creó:
el pasaje de vuelta al olvido,
al momento de dolor,
pero gracias a tus actos hoy soy mejor.
Fuiste especial en la vida,
en todas ellas seguro que me amaste,
en esta sin duda lo lograste,
fui el hombre más afortunado al encontrarte.
Pasa el tiempo, mis notas con "te quiero"
rodearon tu casa, tu ventana, tu techo...,
quizás el viento los voló muy lejos,
pero algo me dice, que en una caja de madera
los guardaste, como nuestros besos, como los buenos momentos,
como las palabras de amistad, como aquellas horas que nunca pasaban,
como el libro dedicado de cuentos oscuros o la "espada decorada"
para que te defendieras de todo mal caballero que te faltara.
No tengo miedo a morir,
ni miedo a que tu te mueras sin mi,
tengo miedo de reencarnarme cerca de ti,
porque se que por muy lejos que estemos,
el karma nos unirá y una vez más,
nuestros corazones se amarán de nuevo,
hasta su hora de caducidad...
Recuerdo que eran las diez,
de un once de mayo del año del ayer,
nos dimos la mano y un beso largo,
sin duda fuimos muy románticos.
Mis llantos llegaron alto, mi furia y venganza
llegaron temprano, lágrimas puras
y gritos de locura,
mi alma me decía "tú tienes la culpa".
Después del acto celestial
quedaron miradas,
hoy solo nos limitamos a ello,
uno dice historias del otro,
y el otro las dibuja con pasión,
cuenta lo que fue, lo que de verdad pude ser,
las historias más fascinantes que nunca se vieron.
Ella es mi musa y yo su cancerbero,
en mis puertas no entran vivos y por ellas
no salen los muertos, al igual que su corazón,
para ella morí y jamás vivo podré decirle,
gracias por existir.
las copas estaban vacías, el vino vino a ti,
cerramos las botellas de ayer,
y acabamos en una playa sin amanecer.
Pensamos en casarnos místicamente,
decíamos ser los mejores besando,
ya que mil mujeres y hombres tocamos,
son muchas vidas amando,
en todas ellas nos hemos encontrado.
El fuego del amor se hizo cenizas,
los corazones se congelaron,
en las horas de agonía.
Cuando el reloj marcó las diez,
me di cuenta de que en esta vida
volvías a dejarme,
cambiaste el amor por algo más de alcohol.
Hoy no recuerdo tus ojos,
no me quejo del mal momento,
conocimos la vergüenza,
la compasión sin sentido,
amar a otros pero sin dejar de cogernos del corazón.
Tu beso en la mejilla me dio lo que dios no creó:
el pasaje de vuelta al olvido,
al momento de dolor,
pero gracias a tus actos hoy soy mejor.
Fuiste especial en la vida,
en todas ellas seguro que me amaste,
en esta sin duda lo lograste,
fui el hombre más afortunado al encontrarte.
Pasa el tiempo, mis notas con "te quiero"
rodearon tu casa, tu ventana, tu techo...,
quizás el viento los voló muy lejos,
pero algo me dice, que en una caja de madera
los guardaste, como nuestros besos, como los buenos momentos,
como las palabras de amistad, como aquellas horas que nunca pasaban,
como el libro dedicado de cuentos oscuros o la "espada decorada"
para que te defendieras de todo mal caballero que te faltara.
No tengo miedo a morir,
ni miedo a que tu te mueras sin mi,
tengo miedo de reencarnarme cerca de ti,
porque se que por muy lejos que estemos,
el karma nos unirá y una vez más,
nuestros corazones se amarán de nuevo,
hasta su hora de caducidad...
Recuerdo que eran las diez,
de un once de mayo del año del ayer,
nos dimos la mano y un beso largo,
sin duda fuimos muy románticos.
Mis llantos llegaron alto, mi furia y venganza
llegaron temprano, lágrimas puras
y gritos de locura,
mi alma me decía "tú tienes la culpa".
Después del acto celestial
quedaron miradas,
hoy solo nos limitamos a ello,
uno dice historias del otro,
y el otro las dibuja con pasión,
cuenta lo que fue, lo que de verdad pude ser,
las historias más fascinantes que nunca se vieron.
Ella es mi musa y yo su cancerbero,
en mis puertas no entran vivos y por ellas
no salen los muertos, al igual que su corazón,
para ella morí y jamás vivo podré decirle,
gracias por existir.