Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Apenas un intento
de luna por el cielo.
Preámbulo de sombras
se puede percibir.
La brisa esta silente,
inmóviles los fresnos:
la noche se perfila
bañada de luceros
parece que muy lejos,
con nosotros, quiere ir.
Aun sin ser otoño;
más bien es primavera,
tus ropas has dejado
caer ya sin rubor.
Semejan ya caídas
hermosas hojas secas;
incluso se diría
que están, quizá, contentas
de ya se ser obstáculo
a las ansias de mi amor.
Asciendes por mis brazos
cual bella madreselva.
Serpientes de caricias
sentimos ondular.
Se entornan tus pupilas,
viajar por ti me dejas:
descubro tus senderos,
recorro tus praderas.
Tu mapa de mujer
ansío memorizar
De dulces mariposas
tus manos se han tornado
abejas iracundas
de erótico furor;
pues hundes en mi espalda,
como sutiles clavos,
tus uñas elegantes,
entre placer profano
y místicos destellos
de inmarcesible amor.
Resbalan tus caderas
entre mis manos ávidas.
Las bocas de los poros
suspiran de pasión.
Las cumbres de tus cúpulas
son dos sonrisas cálidas
que alternan en mis labios
ambas cerezas sápidas,
en tanto que lascivo
murmura el corazón.
Por fin has olvidado
tu porte de señora
y sientes que desnuda
eres tú, en realidad.
Denotas en tu cuerpo
las veces que en tu alcoba,
leyendo algún poema,
deseabas ser paloma
y en cielos de lujuria
volar a voluntad.
Me abres tus espacios
cual flor en plenitud.
Enredas en mis besos
tu entera desnudez.
Me dicen tus pupilas
que ya no eres tabú:
que puede mi deseo
todo lo que eres tú
beberlo cuantas veces
lo quiera mi avidez.
Acezo en la garganta:
el rostro con sonrojo;
aun si yo pedirlo
de ti todo me das.
Me llevas a tu abismo,
con infinito gozo,
en tanto que a intervalos
un hondo río de ósculos
murmura entre las bocas
como un canto salaz.
Tus lunas en creciente
estampan en mis dedos
su forma sicalíptica
con cálida humedad.
Se llenan de tu carne
mis manos, como cuencos:
el aire languidece,
se pierde en un lamento;
mitades somos ambos,
de amor una unidad.
Se cierra la corola
en torno al tulipán.
angustias exquisitas
refulgen por la piel:
confluyen nuestros sueños
en mutua saciedad:
desnuda entre mis brazos
tú sientes que jamás
podrías, a ti misma,
como hoy, serte más fiel.
de luna por el cielo.
Preámbulo de sombras
se puede percibir.
La brisa esta silente,
inmóviles los fresnos:
la noche se perfila
bañada de luceros
parece que muy lejos,
con nosotros, quiere ir.
Aun sin ser otoño;
más bien es primavera,
tus ropas has dejado
caer ya sin rubor.
Semejan ya caídas
hermosas hojas secas;
incluso se diría
que están, quizá, contentas
de ya se ser obstáculo
a las ansias de mi amor.
Asciendes por mis brazos
cual bella madreselva.
Serpientes de caricias
sentimos ondular.
Se entornan tus pupilas,
viajar por ti me dejas:
descubro tus senderos,
recorro tus praderas.
Tu mapa de mujer
ansío memorizar
De dulces mariposas
tus manos se han tornado
abejas iracundas
de erótico furor;
pues hundes en mi espalda,
como sutiles clavos,
tus uñas elegantes,
entre placer profano
y místicos destellos
de inmarcesible amor.
Resbalan tus caderas
entre mis manos ávidas.
Las bocas de los poros
suspiran de pasión.
Las cumbres de tus cúpulas
son dos sonrisas cálidas
que alternan en mis labios
ambas cerezas sápidas,
en tanto que lascivo
murmura el corazón.
Por fin has olvidado
tu porte de señora
y sientes que desnuda
eres tú, en realidad.
Denotas en tu cuerpo
las veces que en tu alcoba,
leyendo algún poema,
deseabas ser paloma
y en cielos de lujuria
volar a voluntad.
Me abres tus espacios
cual flor en plenitud.
Enredas en mis besos
tu entera desnudez.
Me dicen tus pupilas
que ya no eres tabú:
que puede mi deseo
todo lo que eres tú
beberlo cuantas veces
lo quiera mi avidez.
Acezo en la garganta:
el rostro con sonrojo;
aun si yo pedirlo
de ti todo me das.
Me llevas a tu abismo,
con infinito gozo,
en tanto que a intervalos
un hondo río de ósculos
murmura entre las bocas
como un canto salaz.
Tus lunas en creciente
estampan en mis dedos
su forma sicalíptica
con cálida humedad.
Se llenan de tu carne
mis manos, como cuencos:
el aire languidece,
se pierde en un lamento;
mitades somos ambos,
de amor una unidad.
Se cierra la corola
en torno al tulipán.
angustias exquisitas
refulgen por la piel:
confluyen nuestros sueños
en mutua saciedad:
desnuda entre mis brazos
tú sientes que jamás
podrías, a ti misma,
como hoy, serte más fiel.
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