hijodelasombra
Poeta recién llegado
¿Te acordas, Marquitos, de aquel barrilete chillón,
Que en nuestra infancia muerta, ningún vendaval remontó?
¿Que suerte habrá tenido en el aire del silencio?
¡Cuantas cosas que nacen en la sombra del recuerdo!
¿Te acordas de aquella calesita herrumbrada de la plaza vieja,
Que aunque dio mil vueltas no nos quiso llevar y nos aleja
En la convicción de haber sentido el frío de la indiferencia?
¡Nos quedamos con los ojos de niños en la tristeza!
¿Te acordas de aquel viejo panzón, de lentes y bigotes
Que cuidaba la ancha puerta en la casa de la noche.
Que con sólo una mirada firme nos vedo el paso?
Marginados de la diversión, de la alegría desterrados.
¿Te acordas? O es sólo mi mente cuadrada
A la que atraparon en la mas peligrosa telaraña,
La que no pudo salir de aquel sitio oscuro
Donde las esperanzas caen y se levantan enormes muros,
De una infancia ingenua, frágil y obtusa
Que va sepultando cuerpos en una imagen difusa,
De una nostalgia que es luz pero sin embargo
Tiene más pasillos enigmáticos y largos
Que el mismo laberinto del que nunca pudimos salir,
Donde quedamos encerrados, aprendiendo a vivir.
¿Te acordas de aquel juego espiritista y tenebroso,
En aquella antigua casa de melancólico rostro,
Donde solíamos invocar híbridos espectros nocturnos
Que sobrevolaban las techumbres del cielo taciturno,
Que no nos infundían ni una pestaña de miedo
Porque sabíamos todo lo que escondías el denuedo?
¿Te acordas de aquellos carnavales de antifaces malditos
Por las calles siderales del más inalcanzable infinito,
Donde nos saltaban los ojos entre la batucada y el delirio,
Persiguiendo una ilusión, que se tornaba martirio?
¿Te acordas de aquella minita triste, más triste y solitaria
Que bailaba sola bajo la lívida lumbre precaria,
Que nos amarreteó el único beso que implorábamos,
Para escapar del infierno al cual nos sentenciaron?
¿Te acordas? O es sólo el producto inocente de mi cabeza
Que filtra negros pensamientos asoleados de tristezas,
Que destila a borbotones nostalgias arduas de arrostrar,
Que segrega recuerdos que ya no se pueden sepultar
De una infancia dorada, celestial y sumisa
Que va cremando las almas, soplando las cenizas
De una nostalgia de sombras muertas
Que tiene más ventanas sin cerrojos y abiertas
Que aquella casa de terror a la que nunca pudimos entrar,
Donde quedamos liberados, aprendiendo a volar.
¿Te acordas de aquellas lunas grises y esquivas
Que ahondaban la noche con arrogancia altiva,
Que furtivamente bañaban nuestros cielos cercanos,
Que nos acercaban la luz necesaria a nuestra manos,
Para nuestras cacerías nocturnas de ángeles rotos
Para consuelo nuestro y para consuelos de otros?
¿Te acordas de aquel ladrido benigno del perro negro
Que sonaba aciagamente en la penumbra de tu falso entierro,
Que jugaba a ser el guardián sublime de nuestros sueños,
Que cuidaba cada retazo de nuestros tantos recuerdos?
¿Te acordas de aquella muerte bailarina y febril
Que con su cuerpo alado y su mueca hostil,
Seguía el compás fúnebre de tu partida precoz,
Una noche fría que enmudecieron las almas sin Dios?
¿Te acordas? O es sólo mi recuerdo el que canta versos,
El que tiñe de negro ausencia el vasto universo
Y se las ingenia siempre para escarpársele al olvido-muerte
Que aun sigue en pena creyendo en la lejana suerte,
De una infancia hostil, seca y feliz
Que va resucitando corazones, destiñendo el gris
De una nostalgia que viene sin nada
Que tiene más tumbas ocultas y cerradas
Que aquel oscuro cementerio donde te enterraron y no dejas de vivir,
Donde nos enterraron y aprendimos a morir.
¿Te acordas amigo, te acordas hermano,
te acordas de nuestros recuerdos lejanos?
Que carajo te vas a acordar Marcos
Si hasta el recuerdo te mataron.
Que en nuestra infancia muerta, ningún vendaval remontó?
¿Que suerte habrá tenido en el aire del silencio?
¡Cuantas cosas que nacen en la sombra del recuerdo!
¿Te acordas de aquella calesita herrumbrada de la plaza vieja,
Que aunque dio mil vueltas no nos quiso llevar y nos aleja
En la convicción de haber sentido el frío de la indiferencia?
¡Nos quedamos con los ojos de niños en la tristeza!
¿Te acordas de aquel viejo panzón, de lentes y bigotes
Que cuidaba la ancha puerta en la casa de la noche.
Que con sólo una mirada firme nos vedo el paso?
Marginados de la diversión, de la alegría desterrados.
¿Te acordas? O es sólo mi mente cuadrada
A la que atraparon en la mas peligrosa telaraña,
La que no pudo salir de aquel sitio oscuro
Donde las esperanzas caen y se levantan enormes muros,
De una infancia ingenua, frágil y obtusa
Que va sepultando cuerpos en una imagen difusa,
De una nostalgia que es luz pero sin embargo
Tiene más pasillos enigmáticos y largos
Que el mismo laberinto del que nunca pudimos salir,
Donde quedamos encerrados, aprendiendo a vivir.
¿Te acordas de aquel juego espiritista y tenebroso,
En aquella antigua casa de melancólico rostro,
Donde solíamos invocar híbridos espectros nocturnos
Que sobrevolaban las techumbres del cielo taciturno,
Que no nos infundían ni una pestaña de miedo
Porque sabíamos todo lo que escondías el denuedo?
¿Te acordas de aquellos carnavales de antifaces malditos
Por las calles siderales del más inalcanzable infinito,
Donde nos saltaban los ojos entre la batucada y el delirio,
Persiguiendo una ilusión, que se tornaba martirio?
¿Te acordas de aquella minita triste, más triste y solitaria
Que bailaba sola bajo la lívida lumbre precaria,
Que nos amarreteó el único beso que implorábamos,
Para escapar del infierno al cual nos sentenciaron?
¿Te acordas? O es sólo el producto inocente de mi cabeza
Que filtra negros pensamientos asoleados de tristezas,
Que destila a borbotones nostalgias arduas de arrostrar,
Que segrega recuerdos que ya no se pueden sepultar
De una infancia dorada, celestial y sumisa
Que va cremando las almas, soplando las cenizas
De una nostalgia de sombras muertas
Que tiene más ventanas sin cerrojos y abiertas
Que aquella casa de terror a la que nunca pudimos entrar,
Donde quedamos liberados, aprendiendo a volar.
¿Te acordas de aquellas lunas grises y esquivas
Que ahondaban la noche con arrogancia altiva,
Que furtivamente bañaban nuestros cielos cercanos,
Que nos acercaban la luz necesaria a nuestra manos,
Para nuestras cacerías nocturnas de ángeles rotos
Para consuelo nuestro y para consuelos de otros?
¿Te acordas de aquel ladrido benigno del perro negro
Que sonaba aciagamente en la penumbra de tu falso entierro,
Que jugaba a ser el guardián sublime de nuestros sueños,
Que cuidaba cada retazo de nuestros tantos recuerdos?
¿Te acordas de aquella muerte bailarina y febril
Que con su cuerpo alado y su mueca hostil,
Seguía el compás fúnebre de tu partida precoz,
Una noche fría que enmudecieron las almas sin Dios?
¿Te acordas? O es sólo mi recuerdo el que canta versos,
El que tiñe de negro ausencia el vasto universo
Y se las ingenia siempre para escarpársele al olvido-muerte
Que aun sigue en pena creyendo en la lejana suerte,
De una infancia hostil, seca y feliz
Que va resucitando corazones, destiñendo el gris
De una nostalgia que viene sin nada
Que tiene más tumbas ocultas y cerradas
Que aquel oscuro cementerio donde te enterraron y no dejas de vivir,
Donde nos enterraron y aprendimos a morir.
¿Te acordas amigo, te acordas hermano,
te acordas de nuestros recuerdos lejanos?
Que carajo te vas a acordar Marcos
Si hasta el recuerdo te mataron.