[center:ca3578e8e7]Dígame, señor alcalde
Dígame, si puede, señor alcalde,
pues fatigado estoy de esta ignorancia,
cuánto ha cambiado su circunstancia,
¿no pensaba usted trabajar de balde?
Dejemos que su sabia ciencia salde
la absurda palabrería rancia,
de las bocas donde el vino se escancia,
y hagamos que la mentira se escalde.
Todo ello, claro está, si es que podemos,
porque vuelan las nuevas en los palcos,
se anida el rumor en los lagares,
¿se puede negar lo que todos vemos:
chanchullos, dietas, ruinas y desfalcos?
Esa es mi denuncia, ésos sus altares.[/center:ca3578e8e7]
Dígame, si puede, señor alcalde,
pues fatigado estoy de esta ignorancia,
cuánto ha cambiado su circunstancia,
¿no pensaba usted trabajar de balde?
Dejemos que su sabia ciencia salde
la absurda palabrería rancia,
de las bocas donde el vino se escancia,
y hagamos que la mentira se escalde.
Todo ello, claro está, si es que podemos,
porque vuelan las nuevas en los palcos,
se anida el rumor en los lagares,
¿se puede negar lo que todos vemos:
chanchullos, dietas, ruinas y desfalcos?
Esa es mi denuncia, ésos sus altares.[/center:ca3578e8e7]