pecadocapital79
Poeta adicto al portal
Digamos que era sábado y en la noche
brillaban millones de puntos brillantes,
que una estrella murió para desfilar por tus ojos
y que pediste un deseo
algo así como un millon de euros.
- A medias amigo. Dijiste y me abrazaste.
Digamos que gritaste a los cuatro vientos
"que se cierren todos los coños hay un bar aún abierto"
Tenías en tu repertorio de chico duro aquella frase
(El vodka es mejor que la mujer desestabiliza igual pero es más barato)
Ibas de rebelde sin causa con aquel caparazón defensivo
pero en cuanto el amor te sacudía
comprabas flores y pateabas toda la ciudad
esquivando multitudes con un ramo de rosas en una mano
y una enorme sonrisa blanca en la boca.
Una noche te dejaste la vida olvidada
en una carretera secundaria
que decoraste con un frenazo inservible
una elegante mancha roja
y tu cuerpo y tu rostro bello en el arcén,
ya ves enamoraste a la muerte.
Digamos que volvimos a beber y rompimos
el alba con nuestros tumbos
y despertamos al sol con canciones
y mecimos a la luna con nuestras risas
y volvimos a sentirnos necesarios.
Digamos que no, que no era sábado
y no habia estrellas en el cielo
ni siquiera habia cielo
solo un techo amarillento del humo del tabaco,
digamos que te he vuelto a soñar y que llovía
al menos mi almohada estaba húmeda.
Otra vez.
brillaban millones de puntos brillantes,
que una estrella murió para desfilar por tus ojos
y que pediste un deseo
algo así como un millon de euros.
- A medias amigo. Dijiste y me abrazaste.
Digamos que gritaste a los cuatro vientos
"que se cierren todos los coños hay un bar aún abierto"
Tenías en tu repertorio de chico duro aquella frase
(El vodka es mejor que la mujer desestabiliza igual pero es más barato)
Ibas de rebelde sin causa con aquel caparazón defensivo
pero en cuanto el amor te sacudía
comprabas flores y pateabas toda la ciudad
esquivando multitudes con un ramo de rosas en una mano
y una enorme sonrisa blanca en la boca.
Una noche te dejaste la vida olvidada
en una carretera secundaria
que decoraste con un frenazo inservible
una elegante mancha roja
y tu cuerpo y tu rostro bello en el arcén,
ya ves enamoraste a la muerte.
Digamos que volvimos a beber y rompimos
el alba con nuestros tumbos
y despertamos al sol con canciones
y mecimos a la luna con nuestras risas
y volvimos a sentirnos necesarios.
Digamos que no, que no era sábado
y no habia estrellas en el cielo
ni siquiera habia cielo
solo un techo amarillento del humo del tabaco,
digamos que te he vuelto a soñar y que llovía
al menos mi almohada estaba húmeda.
Otra vez.