Dije amén llorando

​Los rezos siempre son escuchados y muy entregados, Gracias por entregárnoslos y por su visita.
 
Era un altar de madera que dormía
y dormían en su sueño misas pasadas
y un cáliz con sangre marchitada
y dos velas chamuscadas de llorar su existencia
sobre su muerte lenta, lentamente.
Y una flor arrugada, caída de una ofrenda
y en ella el cadáver de un perfume desteñido
y me acerqué y mentí la devoción hincado
y lo abracé y tomé la flor
y adiviné el perfume
y me crucifiqué en su cruz
y fui yo y también un clavo
y lavé el cáliz y siguió llorando
y me bajé de la cruz
y no guardé los clavos
y salé a savia de la madera donde fui crucificado
y el cáliz siguió sangrando y las velas se apagaron.
Y la persigné con tres besos
y vi lágrimas y sangre
en la tierra de las raíces de una lanza
y dije amén llorando
y no sé qué hubo en ella después de mí.
Y estoy llorando y escribiendo su residuo.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


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Enciclopedia de poesía
Estremecedor momento retratado de una profundidad absoluta, enmarcando ese dolor que se devela en el momento y el lugar justo de la existencia, una magnifica obra, un lujo Jorge, abrazos.
 
Era un altar de madera que dormía




S
y dormían en su sueño misas pasadas
y un cáliz con sangre marchitada
y dos velas chamuscadas de llorar su existencia
sobre su muerte lenta, lentamente.
Y una flor arrugada, caída de una ofrenda
y en ella el cadáver de un perfume desteñido
y me acerqué y mentí la devoción hincado
y lo abracé y tomé la flor
y adiviné el perfume
y me crucifiqué en su cruz
y fui yo y también un clavo
y lavé el cáliz y siguió llorando
y me bajé de la cruz
y no guardé los clavos
y salé a savia de la madera donde fui crucificado
y el cáliz siguió sangrando y las velas se apagaron.
Y la persigné con tres besos
y vi lágrimas y sangre
en la tierra de las raíces de una lanza
y dije amén llorando
y no sé qué hubo en ella después de mí.
Y estoy llorando y escribiendo su residuo.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


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Enciclopedia de poesía



Simplemente eres lo máximo y te admiro infinitamente, abrazos desde mi corazón maestro, te adoro eternamente.
 
Bello encuentro que disemina en la existencia del origen inmaculado como gran interrogante de esa luz de fe sostenida pese a cualquier dolor. Un grito iluminado y dejado en la misma cruz que te sostiene poeta y amigo, te dejo abrazo fuerte.
 
Era un altar de madera que dormía
y dormían en su sueño misas pasadas
y un cáliz con sangre marchitada
y dos velas chamuscadas de llorar su existencia
sobre su muerte lenta, lentamente.
Y una flor arrugada, caída de una ofrenda
y en ella el cadáver de un perfume desteñido
y me acerqué y mentí la devoción hincado
y lo abracé y tomé la flor
y adiviné el perfume
y me crucifiqué en su cruz
y fui yo y también un clavo
y lavé el cáliz y siguió llorando
y me bajé de la cruz
y no guardé los clavos
y salé a savia de la madera donde fui crucificado
y el cáliz siguió sangrando y las velas se apagaron.
Y la persigné con tres besos
y vi lágrimas y sangre
en la tierra de las raíces de una lanza
y dije amén llorando
y no sé qué hubo en ella después de mí.
Y estoy llorando y escribiendo su residuo.


JORGE LEMOINE Y BOSSHARDT


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wow encantada de leerte amigo, saludos
 
Profunda tristeza se palpa en su poema maestro Jorge, transmite ese sentimiento de amor infinito... Un abrazo fraterno desde México hasta su bello Argentina...
 
Espectacular, maestro. Todo sufrimiento deja su poso. Y a veces nos damos cuenta, que tanto sacrificio no sirve para nada. Y que los clavos que nosotros mismos nos clavamos, no hacen mas que empeorar el sufrimiento. Todos llevamos clavos.Unos se los clavan, y otros se los clavan. Un abrazo y lo que me dejen darte.
 

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