Jeison
Poeta fiel al portal
Áspero silencio que se condensa
bajo las sábanas de la obscenidad; una milésima,
relojes, partículas de segundos,
pasos del universo que se detienen sobre el café.
Ha sido nuestra, la indefinida hora;
corta-punzantes viajes por destinos estáticos:
¡Fuego, fuego!
.....................«he dicho»
encima tuyo, bajo a mí, entre el cielo
que cae derramándose, y la tierra
que se enaltece en medio de su terno.
Yo no he venido para vestir tu alma,
para hacer de ella la simple hoguera, los témpanos;
la miserable carrera, como láseres de agua
que perforan los sueños con su elipsis.
Han sido distintos los zigzags hasta tu pecho;
el petróleo, el agua, el perfume
que contagia instantáneo mi trasnocho.
No estoy sino para pulir el hielo,
la estructura magnética que rechaza la voz
golpeando los cajones de la muerte;
aquella absurda estirpe de campana
que te limita a trajes,
y deja entrever, ciegos, los hijos de tu espíritu,
como elefantes de otoño, que vuelan
sobre los árboles, masticando las hojas.
¡Ah!, mirad lo que veo: Lluvia, lluvia
sobre mí, amor mío.
Jeison Villalba ©
bajo las sábanas de la obscenidad; una milésima,
relojes, partículas de segundos,
pasos del universo que se detienen sobre el café.
Ha sido nuestra, la indefinida hora;
corta-punzantes viajes por destinos estáticos:
¡Fuego, fuego!
.....................«he dicho»
encima tuyo, bajo a mí, entre el cielo
que cae derramándose, y la tierra
que se enaltece en medio de su terno.
Yo no he venido para vestir tu alma,
para hacer de ella la simple hoguera, los témpanos;
la miserable carrera, como láseres de agua
que perforan los sueños con su elipsis.
Han sido distintos los zigzags hasta tu pecho;
el petróleo, el agua, el perfume
que contagia instantáneo mi trasnocho.
No estoy sino para pulir el hielo,
la estructura magnética que rechaza la voz
golpeando los cajones de la muerte;
aquella absurda estirpe de campana
que te limita a trajes,
y deja entrever, ciegos, los hijos de tu espíritu,
como elefantes de otoño, que vuelan
sobre los árboles, masticando las hojas.
¡Ah!, mirad lo que veo: Lluvia, lluvia
sobre mí, amor mío.
Jeison Villalba ©