Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dime un cuento donde yo sea príncipe
con espada, caballo blanco y todo.
O Pegaso, mejor, así vuelo contigo
sobre la podredumbre de tanto vicio
impostor de la virtud de la alegría.
Y dime que no temes, como tantos,
a los malditos regentes de la vida.
Y que me tienes fe, aún con mi cruz
de arrastro y tuerto de propósito,
aquí, en el planeta de visión satelital.
Y dime cómo me ves. Y si te ríes
o molestas o enterneces cuando
dormito luego de hacerte el amor.
Y dime que conmigo pan y cebolla
sin importar el hecho de que hoy
me hayan dejado sin trabajo.
“Dime que estás pensando en mí,
o sabré que no soy príncipe sino
plebeyo sin casta ni derechos.
¡Siquiera sapo! con corona y hechizo”.
Como dice ese poeta candoroso,
que abatido, precisa ser amado.
©Juan Oriental
con espada, caballo blanco y todo.
O Pegaso, mejor, así vuelo contigo
sobre la podredumbre de tanto vicio
impostor de la virtud de la alegría.
Y dime que no temes, como tantos,
a los malditos regentes de la vida.
Y que me tienes fe, aún con mi cruz
de arrastro y tuerto de propósito,
aquí, en el planeta de visión satelital.
Y dime cómo me ves. Y si te ríes
o molestas o enterneces cuando
dormito luego de hacerte el amor.
Y dime que conmigo pan y cebolla
sin importar el hecho de que hoy
me hayan dejado sin trabajo.
“Dime que estás pensando en mí,
o sabré que no soy príncipe sino
plebeyo sin casta ni derechos.
¡Siquiera sapo! con corona y hechizo”.
Como dice ese poeta candoroso,
que abatido, precisa ser amado.
©Juan Oriental
Última edición: