Y nos teníamos sobremanera
para ocultar la débil conjunción
de nuestros nombres.
Como dos culebras que buscaban
su ratón en otros pechos.
Quejándonos del retroceso,
pero no sabiendo ir para adelante.
De que las cosas son así y de los
no hay más vueltas que darle.
Lo intolerable, lo continuo,
la dulce penumbra que no dejaba
verse a nuestros besos.
Tenía que decírtelo algún día,
el muesco almanaque me obliga
y el destino en su exacto linde.
Que a la vuelta de la esquina
estuvo mi irme y no lo que me
retenía. Que la suma de ambos
era uno y siempre supimos usar
lo barato y lo triste.
Y ahora, mientras anidamos
en guitarras blandas y pájaros
deshechos, nuestra
solidaria indiferencia.
Ni el amor, ni la espera, ni el
tratar contra la nada buscando
nuestros brazos.
Ni el presente, ni los estrujos,
ni las paredes del color de tus ojos.
Calman la voz rota, este triste
carpe diem de Marzo.
Y solo arranco recuerdos
como flores del jardín del olvido.
para ocultar la débil conjunción
de nuestros nombres.
Como dos culebras que buscaban
su ratón en otros pechos.
Quejándonos del retroceso,
pero no sabiendo ir para adelante.
De que las cosas son así y de los
no hay más vueltas que darle.
Lo intolerable, lo continuo,
la dulce penumbra que no dejaba
verse a nuestros besos.
Tenía que decírtelo algún día,
el muesco almanaque me obliga
y el destino en su exacto linde.
Que a la vuelta de la esquina
estuvo mi irme y no lo que me
retenía. Que la suma de ambos
era uno y siempre supimos usar
lo barato y lo triste.
Y ahora, mientras anidamos
en guitarras blandas y pájaros
deshechos, nuestra
solidaria indiferencia.
Ni el amor, ni la espera, ni el
tratar contra la nada buscando
nuestros brazos.
Ni el presente, ni los estrujos,
ni las paredes del color de tus ojos.
Calman la voz rota, este triste
carpe diem de Marzo.
Y solo arranco recuerdos
como flores del jardín del olvido.