Extravagante
Poeta recién llegado
¡Dios está muerto!
clama el eco frío,
en el abismo de un mundo sombrío.
Las campanas lloran en su tañido,
y el cielo se ve
de un luto infinito.
Ciudades, con sus torres de Babel,
se derriten en un mar de desilusiones,
y los sueños, como pájaros de papel,
arden en su niebla podrida.
¿Quién lo mató? ¿En qué hora incierta?
¿Fue la razón o la duda despierta?
¿Fueron los hombres con su orgullo vano,
o el silencio eterno de su propia mano?
Ojos celestiales
lágrimas derraman sobre mortales
que, a su pesar, aman.
Mirad la cruz vacía,
sola y callada,
testigo muda de una fe desgarrada.
El templo se hunde en su propio hastío,
y el hombre se alza,
pero está vacío.
Oh, estirpe humana, viajera errante,
te deslizas entre los dedos del tiempo,
corroído por el miedo y la ambición,
y te conviertes en eco,
en polvo,
en nada.
clama el eco frío,
en el abismo de un mundo sombrío.
Las campanas lloran en su tañido,
y el cielo se ve
de un luto infinito.
Ciudades, con sus torres de Babel,
se derriten en un mar de desilusiones,
y los sueños, como pájaros de papel,
arden en su niebla podrida.
¿Quién lo mató? ¿En qué hora incierta?
¿Fue la razón o la duda despierta?
¿Fueron los hombres con su orgullo vano,
o el silencio eterno de su propia mano?
Ojos celestiales
lágrimas derraman sobre mortales
que, a su pesar, aman.
Mirad la cruz vacía,
sola y callada,
testigo muda de una fe desgarrada.
El templo se hunde en su propio hastío,
y el hombre se alza,
pero está vacío.
Oh, estirpe humana, viajera errante,
te deslizas entre los dedos del tiempo,
corroído por el miedo y la ambición,
y te conviertes en eco,
en polvo,
en nada.