mistenig
Poeta recién llegado
Miles de rostros se esconden tras mis letras,
la misma melancolía cansada de llorar,
aun no entienden que la belleza,
de nada vale sin poder hablar.
Encarcelado en un cuento de hadas,
los grillos son la inocencia de la religión,
de las esperanzas sumidas en la desolación,
abrir los ojos sin volver a parpadear.
Acaso dios es tan grande que no se puede ver,
o tan pequeño como el reflejo de mí espejo,
acaso sumiso o castigador violento,
o tortuosamente imaginado por mi sufrimiento.
Existen tantos dioses, como la mente pueda abarcar,
y el único entre ellos, es en última instancia el salvador del infierno,
que sería de dios sin Satanás o los demonios,
no creo que rezaría tanto, ni le pediría que apaciguara mi dolor.
En un tumulto de confusiones, mi cabeza se retuerce,
conocí un ángel cuando creí que dios nada podía darme,
ahora la razón me enloquece en las clases de historia,
que arremeten contra la religión en todas las clases y formas.
la misma melancolía cansada de llorar,
aun no entienden que la belleza,
de nada vale sin poder hablar.
Encarcelado en un cuento de hadas,
los grillos son la inocencia de la religión,
de las esperanzas sumidas en la desolación,
abrir los ojos sin volver a parpadear.
Acaso dios es tan grande que no se puede ver,
o tan pequeño como el reflejo de mí espejo,
acaso sumiso o castigador violento,
o tortuosamente imaginado por mi sufrimiento.
Existen tantos dioses, como la mente pueda abarcar,
y el único entre ellos, es en última instancia el salvador del infierno,
que sería de dios sin Satanás o los demonios,
no creo que rezaría tanto, ni le pediría que apaciguara mi dolor.
En un tumulto de confusiones, mi cabeza se retuerce,
conocí un ángel cuando creí que dios nada podía darme,
ahora la razón me enloquece en las clases de historia,
que arremeten contra la religión en todas las clases y formas.