Littera
Poeta asiduo al portal
I
Ruge una veintena de cañones
que exhalan humo y fuego en cada embate,
y el corazón del barco hierve y late,
sacudido de bárbaras tensiones.
Cada vela registra cien jirones
a consecuencia del feroz combate,
no habiendo voz humana que retrate
sus vastas y terribles proporciones.
Las cubiertas contémplanse anegadas
en un profundo piélago de astillas
que el alma abruma y la pupila azota;
las crucetas, del todo destrozadas,
caen cual indefensas espiguillas
mientras cruje la última vigota.
II
Entonces, como agarrochada fiera
que colma de un dolor impar el viento,
despide un flébil y helador lamento
la que espléndida proa antaño fuera.
Disloca de dramática manera
su horizontal el casco macilento,
y sus vértebras prestan alimento
a la linfa taimada y carroñera.
Entonad, criaturas celestiales,
un réquiem melancólico y solemne
que afianzado quede en la memoria:
pues el que no en la mar tuviese iguales
y de borrascas mil saliera indemne
pasto es en un minuto de la historia.