Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
... Y yo estaré contenta
con las migajas de tu amor sangrante;
con los brazos ansiosos
por tu presencia a ratos
¡tendré que resignarme a ser tu amante!
Disfrutaremos juntos estas horas prohibidas;
tú, hambriento de mis besos;
yo, con miedo a tu huída;
tú, implorando mi amor con impaciencia;
yo, dándote mi vida.
Mas, cuando te decidas,
no importará otra cosa en esos ratos
locos,
cuando las noches vuelan
que ser uno del otro;
no bastará adorarnos en silencio,
¡se romperá tu dique y mi tormento!
y al llegar la mañana
que nos encuentre juntos,
nuestro techo ese cielo,
nuestro lecho este musgo,
¡que nos pertenecemos
gritaremos
al viento!
con las migajas de tu amor sangrante;
con los brazos ansiosos
por tu presencia a ratos
¡tendré que resignarme a ser tu amante!
Disfrutaremos juntos estas horas prohibidas;
tú, hambriento de mis besos;
yo, con miedo a tu huída;
tú, implorando mi amor con impaciencia;
yo, dándote mi vida.
Mas, cuando te decidas,
no importará otra cosa en esos ratos
locos,
cuando las noches vuelan
que ser uno del otro;
no bastará adorarnos en silencio,
¡se romperá tu dique y mi tormento!
y al llegar la mañana
que nos encuentre juntos,
nuestro techo ese cielo,
nuestro lecho este musgo,
¡que nos pertenecemos
gritaremos
al viento!