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(Dis-) Utopía Amorosa

Ay, amigo Samuel, nadie, absolutamente nadie, está dispuesto a vivir una vida que no sea la suya, por muy bella que se la pinten, ya esté dotada de tintes impresionistas o expresionistas, a tu vida, nadie te invita. Te invitas solo. No hay amigos para este asunto del amor, tú te lo cocinas y tú te lo comes. No hay un amor a medida. Yo, personalmente , veo el amor
como una candela, que te acercas a ella cuando te sientes frío y hasta las carnes te duelen. El calor del fuego en esos momentos te consuela. En ese momento nada te consuela como el calor que tu cuerpo y tu alma necesita. Un placer leer tu prosa hermosa y valorable como ella sola. Besazos, amigo poeta y novelista. Estrellas para tus letras.

(Dis-)Utopía Amorosa (Esperpento amoroso)

Caminaba por la calles del pueblo. Olía a estiércol y, aunque era un pueblo, era raro ese olor tan desagradable, no solía oler así. El Sol de primavera quemaba la piel. Los ruidos eran inexistentes, era la hora de la siesta.

Me dirigía a la casa del “Piraña”. Le llamaban así porque de pequeño le encantaba Verano Azul y, además, tenía un gran parecido con ese gran entrañable personaje. Como milagro de la naturaleza, cambió. Se volvió un cachas de cuidado, daba miedo el muy mamón. Por si no fuera poco el era un dandi, toda mujer que lo veía quedaba, como arte de magia, enamorada profundamente de él. Hay más, era un gran lector y poeta, cuyos poemas hasta la más realista la enamoraba. Todas caían, las hacía el amor y se buscaba otra; su lección numero uno: “Usar y Tirar”, así se gasta muy poco (Aunque a la larga sea fatal para el medioambiente, sobre todo para la flora). Él era como una especie de maestro: como un Hitch: especialista en seducción.

¿Y qué hay de mí? Me llaman “el Bujías” porque me encanta la Mecánica. Y, a diferencia de mi amigo el piraña, soy un desastre con las mujeres, un esperpento de las relaciones interpersonales amorosas. Mi amigo siempre me ha intentado ayudar; cuando me gustaba una chica él siempre me daba consejos, pero fracasaba siempre, aunque lo intentase como dos mil veces. Una vez, cuando me gustaba una chica llamada Eva, él me planteó un sofisticado y horrible plan, porque ya se veía de lejos mi fracaso monumental.

El plan fracaso. Al final, mi amigo se largo con ella y, como a todas, se la folló en el baño de ese asqueroso garito. Él me decía: “No es mi culpa; es una maldición, lo paso mucho peor que tú”, “Estaba muy buena y yo no soy de piedra”. Quiso repetir el plan, para a ver si podía ligar con alguna, pero siempre pasaba lo mismo, pero con diferentes escusas: “No me gustas”, “Estoy enamorada de Piraña”, “Me lo prohíbe mi religión”, “Eres feo” y la mejor de todas: “No quiero cometer ningún crimen”, y, luego, se liaban con el Piraña… Tan fue su desesperación conmigo que incluso me quiso invitar de putas, pero yo decline, porque no era un salido ni cerdo ni estaba tan desesperado, aunque sí que estaba tan desesperado.

El Piraña y yo dimos un paseo. Le conté que me gustaba una chica nueva . Él me preguntó sobre ella, con resignación: “¿Quién es?¿Es María, Erika, Coral, Sofía, Lucía, Sandra, o Elena?” y le conteste: “No, se llama Soraya” . Nos sentamos en un banco y le conté la historia.

Acaba de terminar de ayudar a mi tío en el taller, por dinero y por mi pasión por el automovilismo, que me venía de pequeño y que sabía que no me llevaría a nada. Para gastar mis fortunas (unos 2 euros de paga) me fui al bar de al lado. Me dirigí a la barra, me pedí una Mixta y vi a una chica llorando en una de las sillas de las mesas del bar. Extrañado por la imagen, me dirigí a su mesa. Entablamos conversación. No parecía muy guapa: era de estatura media, con una arruga diminuta y distintiva en el cuello, unas gafas extrañas que le daban un aire de intelectual y un pelo negro casi pegajoso. Ella estaba peor que yo, tenía una depresión de caballo. La pobre tampoco le iba bien el asunto amoroso, hasta dudaba, por su nulo éxito amoroso, de su sexualidad. Tampoco ayudaba esa personalidad de gusto hacia lo extravagante.

Después de muchos encuentros por pena, me di cuenta que era bastante divertida, pero de extraños gustos. Se llamaba Soraya y leía a un poeta rarísimo llamado: Gottfried Benn, un poeta expresionista alemán, que era su preferido. De sus charlas, ella me indujo a la lectura, pues yo para nada ni nunca me gusto ni la lectura ni lo intelectual. Me recomendó leer a poetas como Rubén Darío, Antonio Machado o Juan Ramón, a escritores como Kafka, Zafón o Valle-Inclan. Al principio, todos esos autores me parecían unos chiflados, pero me los leí e incluso les cogí carió y me empezaron a gustar. E incluso me leí “El árbol de la Ciencia”, que en un principio me debió de parecer un pedazo de tostón infumable, junto con el resto en un tiempo record para ser un no lector. A ella le encantaba mi conversación y mis mejorar en todos esos campos en que ella se desnudaba y bañaba sus pensamientos. Además, parecía más alegre y feliz, enfundaba una sonrisa de sol a sol. Yo seguía igual de sólo, pero no pensaba en tener nada con ella, porque no me gustaba para nada aunque tuviera un encanto raro para leer o para mirar con esas gafas que mareaban con sólo mirarlas, eran como unos cristales cóncavos que se transfigurase la realidad. Con ella, me evadía de esa soledad en que, muchas veces, me sumergía.

Pero, un día, cuando ella se iba al baño, mi torpe cerebro tuvo un lapsus mental y me sorprendí a mi mismo pensando: “¡Qué culo tiene la muy cabrona!”. Del susto inconsciente, me caí de la silla y cuando volvió estuvo riéndose toda la hora. Pensé: ¡Maldito Freud!

Mi amigo al oír mi historia me dijo: “Es perfecta para ti”, “Me la tienes que presentar, la evaluaré (como si se tratase de un escáner de una maquina)”, “Ahora, entiendo tu mejora de tu vocabulario, de tu pensamiento y de tus conocimientos poéticos… lo que no haga una mujer a un hombre… es imposible”.

Al día siguiente, fuimos los tres al bar de siempre. Ella y él confraternizaron muy bien. Ella se quitó las gafas. Él me dijo en voz baja: “Ataca, me iré al baño y tú… ya sabes”. Él se fue al baño, mientras que ella le miraba sin quitarle un ojo de encima. No me importó ese estúpido detalle que no note, y me lance, pero ella me dijo: “Es que me he enamorado de él”, “Sabe de poesía, de filosofía… -resopló- es perfecto”. Pensé: “¿Sabe… ,de qué? ¿Y yo qué?. Yo que te he aguantado y ayudado, me dices esto de un subnormal que acabas de conocer. ¡Qué, payasa, he aguantado esa mierda poética tan inaguantable sólo por ti, pero eso te da igual, hija…!” Se me revolvieron las palabras en alcohol y fuego, que me ardía en el maldito estomago, que parecía que conspiraba contra mi figura. Ella seguía mirando, como una idiota, el lugar por donde se fue mi amigo.

Él volvió del baño y le mostré mi peor cara. Había sufrido los tres golpes más bajos del amor: Celos, desamor y me habían partido el corazón, todos a la vez y concentrados como un coctel molotov a la vieja usanza y sin moderación, todo de golpe. Yo lo miraba como si mi amigo me hubiera intentado asesinar, lo había hecho. Él lo entendió todo y yo me fui. Y Dejando allí a los dos tortolitos, al embrujado hacia el amor y a mi expresionista amor, pensé: “Vaya mierda es el amor. Si sólo hay palos… y más si quien lo recibe es un burro como yo. ¿Por qué seré tan tonto?”

A la semana siguiente supe que estaban saliendo; a él le encantaba su sensibilidad y su intelectualidad y ella no sé, de verdad, no quise saberlo, pero creo que lo que a todas... Ante esto, mi amigo, para consolarme, me invitó esta vez de verdad al comercio de la carne, y su novia Soraya, a la que seguía queriendo, fue diciendo que era un cerdo. Estuvieron emparejados y felices como unas perdices durante 4 años, y, luego, se casaron.

¿Yo? Bueno, me licencié en medicina como Benn, su poeta preferido del que me consideran continuador. Me compre una casa buhardilla conectada con el bar donde conocí a Soraya. Allí, cuando intento olvidar mis fracasos y no tengo fuerzas para continuar, le dio a mi corazón un poco de morfina de alcohol mezclada con versos mal formados y tal su deformidad que da miedo sólo con leerlos. Mi amigo y yo nos vemos por el bar de vez en cuanto, cada vez más amargado, y es que, siempre, fue una fiera indomable a la que nadie pudo domar, y su mordisco es muy dañino a quien se le acerca, por eso yo no me acerco mucho sino que sólo nos dirigimos unas pocas palabras, las necesarias.

Después de tantos años, he vuelto a verla, ella me sonríe intentando disimular felicidad, aunque sé que le pega el Piraña. Quiero odiarla, pero muchas veces viene a mi casa ruinosa y Bohemia, y hacemos el amor sobre la cama deshecha de mi hogar. Me da pena y creo, que yo a ella; nos damos mucha pena viviendo vidas que no vivimos. Luego, tuvo tres hijos, se parecen a su padre: les encantan las Bujías.
 
Bueno... pues sinceramente... me ha encantado....!!!

No te puedo dejar reputación (hace nada que me he enterado del mecanismo para hacerlo.. qué desastre) porque te la dejé en un escrito anterior.. pero te dejo todas las estrellas del firmamento.

Te repito que tienes una prosa agil , estructuras muy bien los tiempos de tu historia y la lectura se hace amena y dócil...

El tema tambien me ha gustado.. a veces pensamos que las cosas son así porque sí.. que nada puede cambiar porque nosotros somos de determinada manera y no vemos la forma de alcanzar nuestras ilusiones o nuestros deseos.. pero la vida tiene su propia cadencia... su tiempo... su transcurso lento pero inexorable.. y por ello se dirige hacia lo que en el fondo nosotros mismos perjeñamos sin saberlo siquiera en muchas ocasiones...

Por ello.... ¿Quien sabe lo que el futuro nos depara?...........

Excelente, mi Samuel estupendo............. aplausos y besitos para ti.................... Bet
 
Gracias Bet por tus elogios. Muchas gracias.La rapidez narrativa es de influencia de Zafón y la caricatura es de Valle-Ínclan. Un saludo de Samuel.
 
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