HÉCTOR
Eres mi poesía; yo el instrumento inspirado.
Me voy al desierto,
solo, a discutir con mi sombra.
A encararle por el desacierto
que propiciaba a mi honra.
Estaré ante el juez que no juzga
y le contaré mis delitos ante trillo,
mientras las arenas conjugan
mi renacer, sin el golpe del martillo.
Dejaré el desierto a la amanecida
las arenas frías, los silbidos del viento;
envuelto con mis pesares que impedía
soñar para ser soñado en auras de este día.
solo, a discutir con mi sombra.
A encararle por el desacierto
que propiciaba a mi honra.
Estaré ante el juez que no juzga
y le contaré mis delitos ante trillo,
mientras las arenas conjugan
mi renacer, sin el golpe del martillo.
Dejaré el desierto a la amanecida
las arenas frías, los silbidos del viento;
envuelto con mis pesares que impedía
soñar para ser soñado en auras de este día.