Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Me duele cada vez que cojo esta pluma,
me duele como un garfio en el corazón,
un prisma ilumina la caída del pobre,
ventilando sus hojas doradas
como cataratas y golpes.
¡Me duele tanto!
Grito en el filo de todo el esfuerzo,
las palabras se agotan,
el diccionario se reduce
aun así siguen repercutiendo,
como notas inflamadas en el arpa del tiempo
y más allá se escribe el vacío
Es inconmensurable el refugio del Sol,
clarinetes aletean para la última boda,
entre fantasmas y cisnes
se prepara el banquete del desvelo,
oraciones para celestes espigas,
contracciones para alumbrar estos versos.
En cada puerto, un respiro,
en cada recuerdo, ciertos deslices,
como floridos mosaicos,
en tus ojos el cielo,
y en el frío del mundo todos los puntos aparte.
me duele como un garfio en el corazón,
un prisma ilumina la caída del pobre,
ventilando sus hojas doradas
como cataratas y golpes.
¡Me duele tanto!
Grito en el filo de todo el esfuerzo,
las palabras se agotan,
el diccionario se reduce
aun así siguen repercutiendo,
como notas inflamadas en el arpa del tiempo
y más allá se escribe el vacío
Es inconmensurable el refugio del Sol,
clarinetes aletean para la última boda,
entre fantasmas y cisnes
se prepara el banquete del desvelo,
oraciones para celestes espigas,
contracciones para alumbrar estos versos.
En cada puerto, un respiro,
en cada recuerdo, ciertos deslices,
como floridos mosaicos,
en tus ojos el cielo,
y en el frío del mundo todos los puntos aparte.