acontista1967
Poeta recién llegado
DISOLUCIÓN DE NÍNIVE
Vi crujir en las fauces del ocaso
el espinazo torvo de la ciudad lejana
- como sobreviviente, como muerto viviente de ojos desorbitados,
umbrío, en bosque umbrío de cadáveres, callado - .
Nubes blancas no estaban en el viento del día,
No habían arreboles en el azul perdido.
Los altos obeliscos de la infamia
expelían su horizonte de tiniebla letal.
Un incendiado plomo el sol grisáceo,
un tosco resplandor en la pizarra baja
(cuanto más cerca el cielo de sus podridas manos,
más irredento el hombre) .
En negros catafalcos de cristal mojados de luz blanca - ,
erigidos cadáveres acéfalos
ratas de hollín roían los cajones - .
Madre tembló del viento que azotó los naranjos
en el rotundo patio,
en lumbre mortecina
se hizo sangre el anturio cabizbajo
- candor de la quietud - ,
su rostro enfebrecido tentó el canto de un mirlo.
Vi crujir en las fauces del ocaso
el espinazo torvo de la ciudad lejana
- como sobreviviente, como muerto viviente de ojos desorbitados,
umbrío, en bosque umbrío de cadáveres, callado - .
Nubes blancas no estaban en el viento del día,
No habían arreboles en el azul perdido.
Los altos obeliscos de la infamia
expelían su horizonte de tiniebla letal.
Un incendiado plomo el sol grisáceo,
un tosco resplandor en la pizarra baja
(cuanto más cerca el cielo de sus podridas manos,
más irredento el hombre) .
En negros catafalcos de cristal mojados de luz blanca - ,
erigidos cadáveres acéfalos
ratas de hollín roían los cajones - .
Madre tembló del viento que azotó los naranjos
en el rotundo patio,
en lumbre mortecina
se hizo sangre el anturio cabizbajo
- candor de la quietud - ,
su rostro enfebrecido tentó el canto de un mirlo.