Sara Elisabeth
Poeta recién llegado
DISTANCIA
Tantas veces soñamos con hacer realidad nuestro encuentro, tan utópico desafiado por la distancia .Tantas veces cerré mis ojos y lo imagine en la oscuridad de la noche y en mi soledad poblada de tristeza. En el páramo de mis días fantaseaba con borrar la ausencia de su ser y traerlo frente a mi tan solo con mis pensamientos.
Tantas veces llore en el erial de mis madrugadas queriéndolo ver, anhelando sus besos.
Tantas veces mitigue mis ansias con su voz en el teléfono.
Tantas veces apacigüe mi soledad con su fotografía.
Nuestra ilusión en cada encuentro, esas miradas interminables, esos besos eternos, esos abrazos reprimidos; las horas apresuradas parecía intencionalmente reducir nuestro tiempo
Tantas veces afloraron mis lágrimas al verlo acompañar el autobús y recibiendo tras el frío cristal de la ventanilla sus besos viajeros enviados en sus cálidas y sedosas manos.
Kilómetros sollozando mi tristeza, padeciendo el dolor de la despedida e idealizando un nuevo reencuentro.
Mi ser peregrino vivió ilusionado, nuestro amor transeúnte ha sido mi tormento; la
implacable distancia sacrificó nuestro amor y no pudimos salvarlo de su agonía.
Elisabeth
Tantas veces soñamos con hacer realidad nuestro encuentro, tan utópico desafiado por la distancia .Tantas veces cerré mis ojos y lo imagine en la oscuridad de la noche y en mi soledad poblada de tristeza. En el páramo de mis días fantaseaba con borrar la ausencia de su ser y traerlo frente a mi tan solo con mis pensamientos.
Tantas veces llore en el erial de mis madrugadas queriéndolo ver, anhelando sus besos.
Tantas veces mitigue mis ansias con su voz en el teléfono.
Tantas veces apacigüe mi soledad con su fotografía.
Nuestra ilusión en cada encuentro, esas miradas interminables, esos besos eternos, esos abrazos reprimidos; las horas apresuradas parecía intencionalmente reducir nuestro tiempo
Tantas veces afloraron mis lágrimas al verlo acompañar el autobús y recibiendo tras el frío cristal de la ventanilla sus besos viajeros enviados en sus cálidas y sedosas manos.
Kilómetros sollozando mi tristeza, padeciendo el dolor de la despedida e idealizando un nuevo reencuentro.
Mi ser peregrino vivió ilusionado, nuestro amor transeúnte ha sido mi tormento; la
implacable distancia sacrificó nuestro amor y no pudimos salvarlo de su agonía.
Elisabeth