La noche te acobardaba,
Al ver escapar el día.
Mi presencia te intimidaba, ante tal noche sombría.
Con mis ojos te hipnotizaba, y en mis manos te envolvía,
Y con susurros trasnochados afirmaba: esta noche es mía.
Te miré de nuevo sonriendo,
Tus labios perecieron,
Probé su sabor prohibido, y el ansia regresó de nuevo.
Espero un espejismo, en un lugar que me impide verlo,
Y todas las noches a la luna, pido mi deseo.
Vendrás a mí.
Ese es mi ruego eterno.
Fragancia peligrosa la que nace de tu cuello,
Bien criada rosa que me invita al anhelo.
Rosas son tus venas, tus labios y tu pecho,
Roja es la locura que me ha sumido en esto.
Acércate sin miedo, y deja que yo haga el resto.
Mi boca se rinde, ante tu persona y cuerpo,
Mis brazos se expanden para abarcarlo por completo.
Inspiro, beso, y muerdo.
Perdí la noción del tiempo, la cordura y el sentimiento.
Temí mi muerte cercana y obtuve la inmortalidad del alma humana.
Abrí los ojos en un mundo nuevo, en un sueño interminable, en una pesadilla realizable.
Ansiaba algo extraño y repugnante, ansiaba la esencia del ser humano errante.
La esencia que se reparte por nuestras venas, la esencia de la vida no eterna.
Eterno etéreo son palabras tan hermosas, y vivencias tan horrorosas
Lunas nuevas, llenas, menguantes hipnotizantes he podido estudiar cada una de ellas aquellas noches eternas.
Este corazón es egoísta, solitario y altruísta. Se marchita, noche tras noche.
Una inmortalidad oscurecida un alma maldecida.
La muerte nunca es amada y yo soy su confidente, su herramienta y su arma.
Así pues ¿quién me ama?
La nada.
Al ver escapar el día.
Mi presencia te intimidaba, ante tal noche sombría.
Con mis ojos te hipnotizaba, y en mis manos te envolvía,
Y con susurros trasnochados afirmaba: esta noche es mía.
Te miré de nuevo sonriendo,
Tus labios perecieron,
Probé su sabor prohibido, y el ansia regresó de nuevo.
Espero un espejismo, en un lugar que me impide verlo,
Y todas las noches a la luna, pido mi deseo.
Vendrás a mí.
Ese es mi ruego eterno.
Fragancia peligrosa la que nace de tu cuello,
Bien criada rosa que me invita al anhelo.
Rosas son tus venas, tus labios y tu pecho,
Roja es la locura que me ha sumido en esto.
Acércate sin miedo, y deja que yo haga el resto.
Mi boca se rinde, ante tu persona y cuerpo,
Mis brazos se expanden para abarcarlo por completo.
Inspiro, beso, y muerdo.
Perdí la noción del tiempo, la cordura y el sentimiento.
Temí mi muerte cercana y obtuve la inmortalidad del alma humana.
Abrí los ojos en un mundo nuevo, en un sueño interminable, en una pesadilla realizable.
Ansiaba algo extraño y repugnante, ansiaba la esencia del ser humano errante.
La esencia que se reparte por nuestras venas, la esencia de la vida no eterna.
Eterno etéreo son palabras tan hermosas, y vivencias tan horrorosas
Lunas nuevas, llenas, menguantes hipnotizantes he podido estudiar cada una de ellas aquellas noches eternas.
Este corazón es egoísta, solitario y altruísta. Se marchita, noche tras noche.
Una inmortalidad oscurecida un alma maldecida.
La muerte nunca es amada y yo soy su confidente, su herramienta y su arma.
Así pues ¿quién me ama?
La nada.