BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hilos recubren tus cabellos indómitos
sangres menstruales inspiran tu depósito excretor
alas que el inmenso universo exprimen en su antojo
rosas puntiagudas que buscan espacio en que expandirse
rosas, tan francas como el sustento de tu cuerpo oriundo y
ciego/ versículos del demonio, que suelta azufre por su boca,
en cada intento, tu memoria resaltada como una escueta
fotografía, radiografía de búsquedas apetitosas, carnes macilentas
atrapadas en los sueños del aire metalizado.
Buscan más no encuentran, aquel contenedor de alas calientes,
el roedor tras la hermosura del tácito compromiso, los espejos
bulímicos escupen algas, las delgadas líneas de un encuentro
multiplicador, los soles recónditos que perfuman las lácteas
vías respiratorias, secuestran los latidos de la sangre invicta.
Oh memoria de ratos universales, de corpulentos bromuros,
que agotaban raíces y llantos de ortigas!
©
A ambos lados del universo, mi cuerpo se expande,
transmite rabia o azogue, cuerpo derretido por alcancías,
derrocado por ambiguas explosiones, cuya carne alumbra
la mañana sin bombillas. Treguas de razón inverosímil,
las uñas corpulentas nerviosamente desasistidas, puntas de lanza
entre medias de los dientes. Dentaduras imposibles, esos gestos
alicaídos o tóxicos, y en la lengua, una envoltura de alcalinas persuasiones.
Reptan los soles entre vómitos sin prefacio ni volumen-.
©
A vosotras, legisladoras de la noche,
legados del transmisor nervioso, neurológicamente,
la estupidez transmitida, los voluminosos besos
en su complejidad admitida. Sí, ese número improbable,
la letanía del labio sumergido, la impronta secuencia,
fantasía de un leguleyo consentidor...mis labios, sí,
paranoias de un cuerpo que nocturnamente me anula-.
©
sangres menstruales inspiran tu depósito excretor
alas que el inmenso universo exprimen en su antojo
rosas puntiagudas que buscan espacio en que expandirse
rosas, tan francas como el sustento de tu cuerpo oriundo y
ciego/ versículos del demonio, que suelta azufre por su boca,
en cada intento, tu memoria resaltada como una escueta
fotografía, radiografía de búsquedas apetitosas, carnes macilentas
atrapadas en los sueños del aire metalizado.
Buscan más no encuentran, aquel contenedor de alas calientes,
el roedor tras la hermosura del tácito compromiso, los espejos
bulímicos escupen algas, las delgadas líneas de un encuentro
multiplicador, los soles recónditos que perfuman las lácteas
vías respiratorias, secuestran los latidos de la sangre invicta.
Oh memoria de ratos universales, de corpulentos bromuros,
que agotaban raíces y llantos de ortigas!
©
A ambos lados del universo, mi cuerpo se expande,
transmite rabia o azogue, cuerpo derretido por alcancías,
derrocado por ambiguas explosiones, cuya carne alumbra
la mañana sin bombillas. Treguas de razón inverosímil,
las uñas corpulentas nerviosamente desasistidas, puntas de lanza
entre medias de los dientes. Dentaduras imposibles, esos gestos
alicaídos o tóxicos, y en la lengua, una envoltura de alcalinas persuasiones.
Reptan los soles entre vómitos sin prefacio ni volumen-.
©
A vosotras, legisladoras de la noche,
legados del transmisor nervioso, neurológicamente,
la estupidez transmitida, los voluminosos besos
en su complejidad admitida. Sí, ese número improbable,
la letanía del labio sumergido, la impronta secuencia,
fantasía de un leguleyo consentidor...mis labios, sí,
paranoias de un cuerpo que nocturnamente me anula-.
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