Divina naturaleza

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Andrik Navarrete Arias,

me pregunto qué momento frente a la naturaleza —o quizás frente a un lienzo— disparó este soneto, porque tiene la sensación de algo visto de golpe y luego perseguido con palabras.

La estructura del soneto encuadra muy bien la paradoja que propones: la naturaleza como origen de todo —el mármol de los filósofos, el bronce de los dioses, la pólvora— y al mismo tiempo como algo que escapa a cualquier categoría que le imponemos. El giro del tercer cuarteto me atrapó con fuerza, ese descenso inesperado de "la diosa" a "madre lombriz": no como rebaje sino como revelación. Diosa y lombriz comparten la misma corona.

Mi pintura perezosa
se pierde en su fértil velo
y telaraña feliz.

Este cierre es el mejor hallazgo del poema. La telaraña feliz funciona porque recoge todo lo anterior: algo que atrapa, que crea geometría perfecta, que pertenece simultáneamente a la araña y a la mosca. Y el adjetivo "perezosa" aplicado a la pintura tiene una honestidad que se agradece —no es humildad falsa, es el reconocimiento de que ante cierta naturaleza, el arte solo puede dejarse llevar.

Sigue escribiendo con esta voz.
 
Divina naturaleza,
señora camaleón,
el sustrato del bastión,
altar, deporte y proeza.

¿De dónde viene la pieza
de mármol para Platón?
¿El bronce o el oro de Amón?
¿La pólvora de fiereza?

Tanto que crea: la diosa,
poeta y misma modelo;
se vuelve madre lombriz.

Mi pintura perezosa
se pierde en su fértil velo
y telaraña feliz.
Una naturaleza divina y polifacética que actúa como base de la creación, el arte y la proeza.

Saludos
 

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