José rubiel Amaya Amaya
Poeta asiduo al portal
Sus ojos negros como el azabache
Le hacían juego al color de su pelo,
Esa voz tan dulce y suave como un manjar
Echo del más exquisito caramelo;
Las líneas de su cuerpo en perfecta armonía
Para hacer acordes, y arpegios, y crear
Las más bellas melodías del sexo.
Una obra de arte, de naturaleza divina,
Divina que es ella, para ser mirada,
Para ser amada, para ser pintada;
En bellos murales, o en aquellos lienzos
De finos tejidos, que merecen algo
Divino como ella, y mostrarle al mundo,
Y que no se pierda el don de fijarse,
En alguien tan bello.
Porque quedan cortas todas estas líneas,
Para ir pintando toda su hermosura.
Le hacían juego al color de su pelo,
Esa voz tan dulce y suave como un manjar
Echo del más exquisito caramelo;
Las líneas de su cuerpo en perfecta armonía
Para hacer acordes, y arpegios, y crear
Las más bellas melodías del sexo.
Una obra de arte, de naturaleza divina,
Divina que es ella, para ser mirada,
Para ser amada, para ser pintada;
En bellos murales, o en aquellos lienzos
De finos tejidos, que merecen algo
Divino como ella, y mostrarle al mundo,
Y que no se pierda el don de fijarse,
En alguien tan bello.
Porque quedan cortas todas estas líneas,
Para ir pintando toda su hermosura.