César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Son horas de tedio y soledad entre la gente. Mil personas esperan sinmigo una esperación pausada, que acumula rabias y le roba horas a la vida sin algo a cambio que valga el más mínimo de los respiros.
Hay sillas, todas ocupadas. Faltan doce números de a quince minutos o más, cada uno, para llegar al mío. Lxs demás lo toman con calma (no yo...), no vale la pena otra cosa en la mente mientras exista la pequeña hendija para una satisfacción menos que mediocre.
Yo sigo haciendo letras sobre mi libreta pequeña; son como culebritas venenosas nacidas de mis dedos. Huele a conversación sin café, ni cigarros, ni teléfonos tontos, ni brisa, ni sol... ni cómoda. Luces blancas en un ambiente cargado, niñxs que callan.
Faltan todavía once malditos números para llegar al mío...
Hay sillas, todas ocupadas. Faltan doce números de a quince minutos o más, cada uno, para llegar al mío. Lxs demás lo toman con calma (no yo...), no vale la pena otra cosa en la mente mientras exista la pequeña hendija para una satisfacción menos que mediocre.
Yo sigo haciendo letras sobre mi libreta pequeña; son como culebritas venenosas nacidas de mis dedos. Huele a conversación sin café, ni cigarros, ni teléfonos tontos, ni brisa, ni sol... ni cómoda. Luces blancas en un ambiente cargado, niñxs que callan.
Faltan todavía once malditos números para llegar al mío...
Noviembre y horas perdidas, 2017.
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