jhon mario agamez castro
Poeta recién llegado
noventa y nueve mil yojanas
y el día se hizo eterno,
con aquel recuerdo que desgarra.
mas mis segundos desde el suelo
calentaron tus pies hasta tú espalda,
hicieron contacto con las fibras
y las alas de tú alma...
El sol asoma sobre mi regazo,
un latir frenético desde la ventana.
Tu figura levanta las esquinas
y esta ciudad caminando te acompaña ,
pues te llevas mi corazón en el asilo de tus palmas.
y pasan un millón de yojanas entre tu y yo,
mientras roban la distancia
cupidos con sus flechas y sonrisas de porcelana.
Me besas un poquito
y se derrite la escarcha que a mi cuerpo abruma,
que al día hace gris y la noche muy larga.
Te espero decenas de yojanas,
así me someta a soportar
en la lluvia, en el barrial, en el claustro,
en el umbral o de la sombra su morada,
hasta encontrarnos carne a carne
en un sueño antes de prender el alba.
y el día se hizo eterno,
con aquel recuerdo que desgarra.
mas mis segundos desde el suelo
calentaron tus pies hasta tú espalda,
hicieron contacto con las fibras
y las alas de tú alma...
El sol asoma sobre mi regazo,
un latir frenético desde la ventana.
Tu figura levanta las esquinas
y esta ciudad caminando te acompaña ,
pues te llevas mi corazón en el asilo de tus palmas.
y pasan un millón de yojanas entre tu y yo,
mientras roban la distancia
cupidos con sus flechas y sonrisas de porcelana.
Me besas un poquito
y se derrite la escarcha que a mi cuerpo abruma,
que al día hace gris y la noche muy larga.
Te espero decenas de yojanas,
así me someta a soportar
en la lluvia, en el barrial, en el claustro,
en el umbral o de la sombra su morada,
hasta encontrarnos carne a carne
en un sueño antes de prender el alba.
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