Manolo Martínez
Poeta fiel al portal
Un rencor miserable,
una duda en el pecho
pudo más que mil versos
a nuestro amor honrados.
Los aires no escucharon
de canciones ni perdones,
sólo silencio interminable
hasta agotar razones…
No pudo el cogollo
dar al sol su belleza;
desairado en su suerte
fue cortado en su tallo.
Se durmieron los besos
esperando ser besos,
las manos, caricias,
los ojos, espejos.
El mar y las montañas
se quedaron muy tristes:
la caracola y el cactus
no cruzarán caminos.
En el bolsillo, ajados
se guardaron los versos
y un boleto de autobús
que nunca se ha comprado.
Persigo en las sombras
su delicada ausencia,
abrazos busco en ellas
al haberla perdido.
Vuelco mis lágrimas
para lavar recuerdos,
por las mejillas rozo
el paño del olvido.
La luna es sólo roca
–roca grande y redonda-
blanca, fría, sin vida,
angustiando mi cielo.
Una calle desierta
– imagen de mi espectro-
me dirigen a un final
vacío y sin regreso.
Con un sabor a nada
la tarde ya se extingue
y sella con su ocaso
corazones desechos;
la noche se ha adueñado
del tiempo y la distancia
y le entrega sus llaves
al desconsuelo eterno.
Sobre este amor extinto
hoy reza un epitafio:
“Aquí yacen dos almas
en dolor infinito”.