Dolor sin cura.
Acerbo dolor encallo en mis entrañas,
al verte florido
en otros altares,
marchitos tus lirios,
mis dorados rosales,
son
pétalos que caen,
al mar
inicuo,
de promesas tales;
a donde van las sombras
de aquellos
difuntos,
que viven mendigando
del amor
sus bondades.
Pero
deja que yo cante
nuestra canción lejana,
y
cuando tú llores
al recordarla,
no vuelvas tu rostro,
para mirarme,
que habré partido,
para olvidarte.
HADITA