seso
Poeta asiduo al portal
DOMINGO DE ENTRADA TRIUNFAL
Fue domingo, en la plaza San Martín,
cuando me entregaste,
con gran ternura, tus palabras;
éstas estiraron sus alas y volaron hacia mí,
poblando, con rapidez, mis lugares perdidos
en la amnesia consecuente de un desamor.
En esos terrenos olvidados,
te has puesto a sembrar
y contento voy, pues tus semillas
milagro de salvación a este desierto dan.
Fue domingo de entrada triunfal para tus palabras,
éstas desnudaron un para siempre y un despertar.
La canción de un amor me dejaste escuchar.
Tú dijiste: ¡Te amo!
y yo fui tu eco, conteste:
TE AMO
TE AMO...
y lo mejor de todo,
es que no hay diferencia
entre decirlo o sentirlo
o callarlo por un beso.
Domingo fue, también,
cuando me confesaste tu azul entrega,
tu primera vez en rojas trenzas
y tu deseo recién nacido que se arriesga,
que crece y crece:
de espíritu a carne,
de carne a espíritu:
Espíritu y carne
de mujer apasionada.
Mientras tus dedos enjaulaban a los míos,
tus cabellos escondían al mundo:
Sólo tus ojos quedaron para mí...
Y hablamos nosotros
de amor y eternidad,
sabiendo que no está en nuestras manos
la divinidad.
-¿Desafiamos a Dios?-
No lo sé...
pero dulce sortilegio es soñar
un para siempre de eterno despertar
¿Desafiar a Dios?
-¡Quizás!-
¡Rogadle a El un domingo de eternidad!
Es Mejor
Fue domingo, en la plaza San Martín,
cuando me entregaste,
con gran ternura, tus palabras;
éstas estiraron sus alas y volaron hacia mí,
poblando, con rapidez, mis lugares perdidos
en la amnesia consecuente de un desamor.
En esos terrenos olvidados,
te has puesto a sembrar
y contento voy, pues tus semillas
milagro de salvación a este desierto dan.
Fue domingo de entrada triunfal para tus palabras,
éstas desnudaron un para siempre y un despertar.
La canción de un amor me dejaste escuchar.
Tú dijiste: ¡Te amo!
y yo fui tu eco, conteste:
TE AMO
TE AMO...
y lo mejor de todo,
es que no hay diferencia
entre decirlo o sentirlo
o callarlo por un beso.
Domingo fue, también,
cuando me confesaste tu azul entrega,
tu primera vez en rojas trenzas
y tu deseo recién nacido que se arriesga,
que crece y crece:
de espíritu a carne,
de carne a espíritu:
Espíritu y carne
de mujer apasionada.
Mientras tus dedos enjaulaban a los míos,
tus cabellos escondían al mundo:
Sólo tus ojos quedaron para mí...
Y hablamos nosotros
de amor y eternidad,
sabiendo que no está en nuestras manos
la divinidad.
-¿Desafiamos a Dios?-
No lo sé...
pero dulce sortilegio es soñar
un para siempre de eterno despertar
¿Desafiar a Dios?
-¡Quizás!-
¡Rogadle a El un domingo de eternidad!
Es Mejor