Domingo

Funámbula Peperina

Poeta recién llegado
El calendario ha puesto barrotes
y me convirtió en pantera.
Juego a desconocer mi jaula
con terror claustrofóbico,
pero el tiempo sabe que soy
un gato domesticable.

Abro gavetas,
todos los ataúdes personales;
miro en el fondo el cadáver impune
de unos veinticuatro años
y al gusano ciego que se alimenta del crimen.

La voz presa detrás del muro es un lápiz
sin punta con el que escribo un cascajo
tristísimo, un intento de acción,
un conato de fuga.

Mis cortinas alardean de haberle impuesto
su tiranía de suciedad y pliegues
a la ventana y la poca luz que se filtra
deja todo con cara de bodegón.

Es cierto, la tragedia íntima no araña
la conjugación de las eras,
pero en el encierro, la mugre del zapato
y la uña magullada
son la épica que me clava
al techo en un gesto de santidad.

Nada. Las horas rompen en efervescencia
de sombras contra la cama.
Los ácaros del colchón tienen más hambre
que mis ansias de libertad.

Estas ganas de no morirse
prohíben vivir a diario.
Y por ello, "la pendejada de que todo sea igual".
 
Última edición:
me agrada ese viaje lleno de estupor, de sopor, ese viaje por los laberintos rutinarios - asesinos de a poco- esew lanzarte y estrellarte en el espejo cotidiano... hay que sobrevivir, reinventarse, enloquecer, escribir...amar... bienvenida
Funámbula Peperina;4672284 dijo:
El calendario ha puesto barrotes
y me convirtió en pantera.
Juego a desconocer mi jaula
con terror claustrofóbico,
pero el tiempo sabe que soy
un gato domesticable.

Abro gavetas,
todos los ataúdes personales;
miro en el fondo el cadáver impune
de unos veinticuatro años
y al gusano ciego que se alimenta del crimen.

La voz presa detrás del muro es un lápiz
sin punta con el que escribo un cascajo
tristísimo, un intento de acción,
un conato de fuga.

Mis cortinas alardean de haberle impuesto
su tiranía de suciedad y pliegues
a la ventana y la poca luz que se filtra
deja todo con cara de bodegón.

Es cierto, la tragedia íntima no araña
la conjugación de las eras,
pero en el encierro, la mugre del zapato
y la uña magullada
son la épica que me clava
al techo en un gesto de santidad.

Nada. Las horas rompen en efervescencia
de sombras contra la cama.
Los ácaros del colchón tienen más hambre
que mis ansias de libertad.

Estas ganas de no morirse
prohíben vivir a diario.
Y por ello, "la pendejada de que todo sea igual".
 
Funámbula Peperina;4672284 dijo:
El calendario ha puesto barrotes
y me convirtió en pantera.
Juego a desconocer mi jaula
con terror claustrofóbico,
pero el tiempo sabe que soy
un gato domesticable.

Abro gavetas,
todos los ataúdes personales;
miro en el fondo el cadáver impune
de unos veinticuatro años
y al gusano ciego que se alimenta del crimen.

La voz presa detrás del muro es un lápiz
sin punta con el que escribo un cascajo
tristísimo, un intento de acción,
un conato de fuga.

Mis cortinas alardean de haberle impuesto
su tiranía de suciedad y pliegues
a la ventana y la poca luz que se filtra
deja todo con cara de bodegón.

Es cierto, la tragedia íntima no araña
la conjugación de las eras,
pero en el encierro, la mugre del zapato
y la uña magullada
son la épica que me clava
al techo en un gesto de santidad.

Nada. Las horas rompen en efervescencia
de sombras contra la cama.
Los ácaros del colchón tienen más hambre
que mis ansias de libertad.

Estas ganas de no morirse
prohíben vivir a diario.
Y por ello, "la pendejada de que todo sea igual".

Lo cotidiano, ese telon constante que nos lleva al rastro de las causas, siempre
levantarse entre la lisura de lo cotidiano. felicidades. un gran poema. luzyabsenta
 
Hola, un gran poema, de lo cotidiano a veces que pesa tanto en un domingo, en el que no se sabe que hacer... un fuerte abrazo me ha gustado harto este poema tuyo... saludos
 
El calendario ha puesto barrotes
y me convirtió en pantera.
Juego a desconocer mi jaula
con terror claustrofóbico,
pero el tiempo sabe que soy
un gato domesticable.

Abro gavetas,
todos los ataúdes personales;
miro en el fondo el cadáver impune
de unos veinticuatro años
y al gusano ciego que se alimenta del crimen.

La voz presa detrás del muro es un lápiz
sin punta con el que escribo un cascajo
tristísimo, un intento de acción,
un conato de fuga.

Mis cortinas alardean de haberle impuesto
su tiranía de suciedad y pliegues
a la ventana y la poca luz que se filtra
deja todo con cara de bodegón.

Es cierto, la tragedia íntima no araña
la conjugación de las eras,
pero en el encierro, la mugre del zapato
y la uña magullada
son la épica que me clava
al techo en un gesto de santidad.

Nada. Las horas rompen en efervescencia
de sombras contra la cama.
Los ácaros del colchón tienen más hambre
que mis ansias de libertad.

Estas ganas de no morirse
prohíben vivir a diario.
Y por ello, "la pendejada de que todo sea igual".


Una joya donde posar los ojos para el disfrute del alma. Felicidades de nuevo, me ha encantado.

Saludos,

Palmira
 
Agradezco mucho los comentarios y que se hayan tomado el tiempo -y las molestias- de leerme.
Un abrazo.

De nuevo me adentro para disfrutar
en una nueva lectura de esta obra
que deja materias para latir en ella.
Agradezco ademas tu respuesta
amable para mi comentario.
saludos siempre de luzyabsenta
 

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