Nommo
Poeta veterano en el portal
Nuestro amor es perpetuo.
Dijiste, solemnemente, mientras devorabas el atardecer, dentro de tu copa de cristal.
Bebías aquel elixir de la eterna Juventud, y yo me iba derritiendo en tus cabellos.
Soy Shampoo para el pelo, mas nunca antes me había sucedido, el devenir en espumante tersura.
Te amo con locura, pero no entiendo tu proceder, que espanta mis miedos.
De entrada, te mostraste impulsiva, arrojándome a una chimenea, como tronco ardiente.
No sabía yo que pudiera formar parte de una pira incandescente.
Acto seguido, fui figura de porcelana china, sobre la mesa.
Y veía las piezas sobre el tablero de Ajedrez, que tú movías, mecánicamente. Porque eras un robot.
Te quise besar, pero al ser creaciones, no más, estábamos ciertamente impedidos.
También me metiste dentro de tu equipaje, y fui pantalón vaquero azul, de lona gruesa.
Incluso llegué a sentirme cómodo, como cinturón de cuero marrón,
y realicé aquel viaje en avión, sin protestar en ningún momento.
Prueba tras prueba, hiciste de mí todo un Hércules.
Pero te vi, nuevamente, enganchada a la posteridad. A nuestros hijos e hijas, que son mayordomos
sirvientes.
Amas de llaves muy obedientes.
Cocineras y camareras de pasillos.
Maitres de hotel y soldados de fortuna. ¡ Todos a una !
Eras como el Póster de Michael Jackson que adorna una pared de mi habitación.
Pero te quiero...
Sé que somos escasos.
Sé que somos domingos.
Domingos de Abril, ¿ Quién sabe ? Simplemente, Domingo.
Dijiste, solemnemente, mientras devorabas el atardecer, dentro de tu copa de cristal.
Bebías aquel elixir de la eterna Juventud, y yo me iba derritiendo en tus cabellos.
Soy Shampoo para el pelo, mas nunca antes me había sucedido, el devenir en espumante tersura.
Te amo con locura, pero no entiendo tu proceder, que espanta mis miedos.
De entrada, te mostraste impulsiva, arrojándome a una chimenea, como tronco ardiente.
No sabía yo que pudiera formar parte de una pira incandescente.
Acto seguido, fui figura de porcelana china, sobre la mesa.
Y veía las piezas sobre el tablero de Ajedrez, que tú movías, mecánicamente. Porque eras un robot.
Te quise besar, pero al ser creaciones, no más, estábamos ciertamente impedidos.
También me metiste dentro de tu equipaje, y fui pantalón vaquero azul, de lona gruesa.
Incluso llegué a sentirme cómodo, como cinturón de cuero marrón,
y realicé aquel viaje en avión, sin protestar en ningún momento.
Prueba tras prueba, hiciste de mí todo un Hércules.
Pero te vi, nuevamente, enganchada a la posteridad. A nuestros hijos e hijas, que son mayordomos
sirvientes.
Amas de llaves muy obedientes.
Cocineras y camareras de pasillos.
Maitres de hotel y soldados de fortuna. ¡ Todos a una !
Eras como el Póster de Michael Jackson que adorna una pared de mi habitación.
Pero te quiero...
Sé que somos escasos.
Sé que somos domingos.
Domingos de Abril, ¿ Quién sabe ? Simplemente, Domingo.
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