Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Me he quedado dormida
en el dolor de una noche en vela.
La luna, cansada de esperar
algún suceso que rompiera
la monotonía nocturna,
se ha bajado a la playa
a darse un baño de multitudes
que, como fuegos artificiales, corretean
por el suelo iluminando madrigueras.
Un búho canta las horas locamente
sin saber si es tarde o temprano,
porque desconoce la medida del tiempo,
sus cantidades. La noche vigila el mar
como un ladrón, pues sabe
que ya no hay barcos en los puertos
ni pañuelos ondeando alegres
ni cristales en las ventanas.
Y aunque todo parece nuevo y ya
nada conozco, sé que he estado
muchas veces aquí, hablando
sin parar de esto y de aquello.
Quizás, mañana ya no note el frío
que ahora siento. Quizás, mañana
no se desplome el silencio
como un estómago vacío sobre mis ojos.
en el dolor de una noche en vela.
La luna, cansada de esperar
algún suceso que rompiera
la monotonía nocturna,
se ha bajado a la playa
a darse un baño de multitudes
que, como fuegos artificiales, corretean
por el suelo iluminando madrigueras.
Un búho canta las horas locamente
sin saber si es tarde o temprano,
porque desconoce la medida del tiempo,
sus cantidades. La noche vigila el mar
como un ladrón, pues sabe
que ya no hay barcos en los puertos
ni pañuelos ondeando alegres
ni cristales en las ventanas.
Y aunque todo parece nuevo y ya
nada conozco, sé que he estado
muchas veces aquí, hablando
sin parar de esto y de aquello.
Quizás, mañana ya no note el frío
que ahora siento. Quizás, mañana
no se desplome el silencio
como un estómago vacío sobre mis ojos.
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