Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Don y Llanto
Un hombre loco me dijo
razones de un mundo roto,
fuego que ruge por dentro,
hielo que en fría los polos.
También me dijo que se abre
la tierra escupiendo su baba,
se come a la vida con hambre
y entonces los dioses se acaban.
Yo creí que era un invento
y escuché al gran terremoto,
el loco se fue como el viento,
eran los aires que iban en potro.
Quedé tan loco y tan ido
que quise alcanzar a los bólidos,
no pude llegar al debido
lugar de los mundos eólicos.
Me puse a pensar en el sólido
decir de aquel loco errabundo,
dispuse caminos insólitos
inventando a los locos del mundo.
¿Qué voy a hacer con la vida
si la vida se hizo a sí sola?
Dejaré terminar la partida
y si aún me queda una trola,
detendré el bombo que gira,
haré trampa jugando a ser bola.
La bola caerá al azar
a unos seres llenos de sentencia,
que se creen que el agua del mar
es salada razón de su esencia.
Pero existo, estoy aquí,
y conozco y colorido,
es lo mismo que vivir
y morir desconocido.
Más me vale atarme al poste
y que los buitres me consuman,
si en mis puños no hallo nortes
ni en mis ecos tengo vida.
Porque el hombre se hace fuerte
con palabras desmedidas,
si no mido bien la suerte,
mi castillo es la ruina
y vendrán aves de muerte
al asalto y la rapiña.
Falacia es el dicho
del que más tiene
más se le dará,
pues tener poco por lo visto
no acrecienta su caudal,
aunque hay quien se consuela
con tener humanidad,
que es la máxima secuela
que hace ricos de verdad.
Por eso la vida me ignora
y de humano muero tanto,
que en el mundo todos lloran
con el mismo don y llanto.
En el contexto está el parecido
y en el concepto la diferencia;
como monos presumidos
van los simios de elocuencia.
Con lo complejo llega el tenido
sin sabor de la evidencia,
que nos muestra el mundo sencillo
ocultando su apariencia.
Con el uno ya está todo
de infinitos demostrado,
pues los otros son más unos
a lo sumo amontonados.
Y se inventan matemáticas
para que haya algunos primos.
¡Cómo son de aristocráticas
hermandades que no vimos!
La raíz da cuenta fina
al buen número redondo,
que divide y multiplica
a su número cachondo.
Con el álgebra nos llega
la ecuación que todo iguala,
por ecuánime se arregla
el diluvio con el agua.
Con la fábula del hombre
llegó un dios a teocrático,
pero estuvo más bien torpe
cuando quiso ser pragmático;
y si Adán tuvo su padre
nunca supo de su abuelo,
porque Adán nació del hambre
y las guerras de los pueblos.
Cuando éramos niños,
hasta una cajita
de pequeñas pastillas de menta,
era algo fantástico y maravilloso.
Un hombre loco me dijo
razones de un mundo roto,
fuego que ruge por dentro,
hielo que en fría los polos.
También me dijo que se abre
la tierra escupiendo su baba,
se come a la vida con hambre
y entonces los dioses se acaban.
Yo creí que era un invento
y escuché al gran terremoto,
el loco se fue como el viento,
eran los aires que iban en potro.
Quedé tan loco y tan ido
que quise alcanzar a los bólidos,
no pude llegar al debido
lugar de los mundos eólicos.
Me puse a pensar en el sólido
decir de aquel loco errabundo,
dispuse caminos insólitos
inventando a los locos del mundo.
¿Qué voy a hacer con la vida
si la vida se hizo a sí sola?
Dejaré terminar la partida
y si aún me queda una trola,
detendré el bombo que gira,
haré trampa jugando a ser bola.
La bola caerá al azar
a unos seres llenos de sentencia,
que se creen que el agua del mar
es salada razón de su esencia.
Pero existo, estoy aquí,
y conozco y colorido,
es lo mismo que vivir
y morir desconocido.
Más me vale atarme al poste
y que los buitres me consuman,
si en mis puños no hallo nortes
ni en mis ecos tengo vida.
Porque el hombre se hace fuerte
con palabras desmedidas,
si no mido bien la suerte,
mi castillo es la ruina
y vendrán aves de muerte
al asalto y la rapiña.
Falacia es el dicho
del que más tiene
más se le dará,
pues tener poco por lo visto
no acrecienta su caudal,
aunque hay quien se consuela
con tener humanidad,
que es la máxima secuela
que hace ricos de verdad.
Por eso la vida me ignora
y de humano muero tanto,
que en el mundo todos lloran
con el mismo don y llanto.
En el contexto está el parecido
y en el concepto la diferencia;
como monos presumidos
van los simios de elocuencia.
Con lo complejo llega el tenido
sin sabor de la evidencia,
que nos muestra el mundo sencillo
ocultando su apariencia.
Con el uno ya está todo
de infinitos demostrado,
pues los otros son más unos
a lo sumo amontonados.
Y se inventan matemáticas
para que haya algunos primos.
¡Cómo son de aristocráticas
hermandades que no vimos!
La raíz da cuenta fina
al buen número redondo,
que divide y multiplica
a su número cachondo.
Con el álgebra nos llega
la ecuación que todo iguala,
por ecuánime se arregla
el diluvio con el agua.
Con la fábula del hombre
llegó un dios a teocrático,
pero estuvo más bien torpe
cuando quiso ser pragmático;
y si Adán tuvo su padre
nunca supo de su abuelo,
porque Adán nació del hambre
y las guerras de los pueblos.
Cuando éramos niños,
hasta una cajita
de pequeñas pastillas de menta,
era algo fantástico y maravilloso.
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