waldo lopez
Poeta recién llegado
Oaxaca y se cebadera de enigmáticos sortilegios.
Avenidas angostas y diminutas epopeyas en su andar;
bajo la mirada curiosa de algún fantasma
ensimismado en su cotidianidad.
Acechan los vientos, las luces de bengala
caen como algarabía de solecitos en tu quietud.
Oaxaca, mujer enigmática de rebozo de seda
presto al amorío o la expiación.
María Tierra
Mujer patrona, Ixchel
mano que extirpa raíz y lo vuelve
corazón de barro amortajado en maíz.
María del conjuro
para tejer en el cielo
los motivos del amar.
Pacha mama en cualquiera de sus venas
en cualquier cartografía de papel.
María sin María
Casi nada y casi todo.
De rituales desconocidos y rubores por incapacidad.
Eres María Oaxaca y Juan.
Presta ante el reto de tus montañas;
rejuvenecida en tu danza ancestral,
antes que la palabra vivificara
las plumas y el pedernal.
Cantora de vuelos y rutas desconocidas;
zoología fantástica coloreada por Toledo.
Oaxaca jeroglífico que noche a noche
interpretan las estrellas, pestañeando de azahares,
de cosas siempre dichas
y siempre acabadas de nacer.
Cielo austral
de boreales retablos,
con leyendas que hablan desde la piedra
de otros tiempos, espumas y oráculos
tatuados en la piel.
Oaxaca con tu alud de minutos a la deriva,
simulas coincidencias
para desdibujar lo mágico del asunto
haciéndolo ver casualidad nuevamente en Abril.
Oaxaca de nueva cuenta el lugar ideal.
Para destrabar la rueda del tiempo
para aglutinar acertijos, tragos de mezcal.
En todas las cosas dibujas porvenir;
las ventanas oteando a conformidad.
Los moles y sus chapulines
sus abalorios y montañas,
sus nubes conspirando por consejo del Dios sol.
Oaxaca testigo y al mismo tiempo
partera de sombras y claridad.
Tus arterias, antigua ciudad, blasfeman silencios
para ocultar el propósito original.
Ventilas desde el zócalo la media noche,
cuando la luna pincela abstractos amoríos
en las copas de los tules.
Y más allá las nubes te visten y desvisten
en eterno trajinar.
Oaxaca la de estridencias en semana santa.
Sahumerios y matracas,
arrepentimientos, días de guardar.
Huésped y ardid nacida del calendario solar.
Parturienta de encantos y promesas para hacerte regresar.
Lugar exacto en el pergamino,
papel ámate habitado por anciana profecía.
Nodriza del cielo
para amamantar con tu leche de cielo
a los elegidos y posiblemente a tus conspiradores.
Curadora de huesos y hechizos de tus hijos,
desparramados a ambos lados del camino.
Oaxaca la de silencios y barricadas.
De pigmentos en el alma
para siempre soñar en el quicio del estar en tú no estar.
Señora de salmos y conjuros,
de historias de dolor, clausuras, destierros y despertares.
Vestigio en la ruta de los volcanes,
mapa celeste que alumbra la cartografía terrenal.
Oaxaca, señora virgen
sitio de tristuras y encantamientos
de rojo cobalto para embarrarlo en el pecho de la noche.
Interpretando el misterio de los cielos
a saber
Oaxaca, doña la O
Avenidas angostas y diminutas epopeyas en su andar;
bajo la mirada curiosa de algún fantasma
ensimismado en su cotidianidad.
Acechan los vientos, las luces de bengala
caen como algarabía de solecitos en tu quietud.
Oaxaca, mujer enigmática de rebozo de seda
presto al amorío o la expiación.
María Tierra
Mujer patrona, Ixchel
mano que extirpa raíz y lo vuelve
corazón de barro amortajado en maíz.
María del conjuro
para tejer en el cielo
los motivos del amar.
Pacha mama en cualquiera de sus venas
en cualquier cartografía de papel.
María sin María
Casi nada y casi todo.
De rituales desconocidos y rubores por incapacidad.
Eres María Oaxaca y Juan.
Presta ante el reto de tus montañas;
rejuvenecida en tu danza ancestral,
antes que la palabra vivificara
las plumas y el pedernal.
Cantora de vuelos y rutas desconocidas;
zoología fantástica coloreada por Toledo.
Oaxaca jeroglífico que noche a noche
interpretan las estrellas, pestañeando de azahares,
de cosas siempre dichas
y siempre acabadas de nacer.
Cielo austral
de boreales retablos,
con leyendas que hablan desde la piedra
de otros tiempos, espumas y oráculos
tatuados en la piel.
Oaxaca con tu alud de minutos a la deriva,
simulas coincidencias
para desdibujar lo mágico del asunto
haciéndolo ver casualidad nuevamente en Abril.
Oaxaca de nueva cuenta el lugar ideal.
Para destrabar la rueda del tiempo
para aglutinar acertijos, tragos de mezcal.
En todas las cosas dibujas porvenir;
las ventanas oteando a conformidad.
Los moles y sus chapulines
sus abalorios y montañas,
sus nubes conspirando por consejo del Dios sol.
Oaxaca testigo y al mismo tiempo
partera de sombras y claridad.
Tus arterias, antigua ciudad, blasfeman silencios
para ocultar el propósito original.
Ventilas desde el zócalo la media noche,
cuando la luna pincela abstractos amoríos
en las copas de los tules.
Y más allá las nubes te visten y desvisten
en eterno trajinar.
Oaxaca la de estridencias en semana santa.
Sahumerios y matracas,
arrepentimientos, días de guardar.
Huésped y ardid nacida del calendario solar.
Parturienta de encantos y promesas para hacerte regresar.
Lugar exacto en el pergamino,
papel ámate habitado por anciana profecía.
Nodriza del cielo
para amamantar con tu leche de cielo
a los elegidos y posiblemente a tus conspiradores.
Curadora de huesos y hechizos de tus hijos,
desparramados a ambos lados del camino.
Oaxaca la de silencios y barricadas.
De pigmentos en el alma
para siempre soñar en el quicio del estar en tú no estar.
Señora de salmos y conjuros,
de historias de dolor, clausuras, destierros y despertares.
Vestigio en la ruta de los volcanes,
mapa celeste que alumbra la cartografía terrenal.
Oaxaca, señora virgen
sitio de tristuras y encantamientos
de rojo cobalto para embarrarlo en el pecho de la noche.
Interpretando el misterio de los cielos
a saber
Oaxaca, doña la O
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