Halloran
Poeta asiduo al portal
DONACIONES
I. ME DISTE
Fue una tarde,
una de esas tardes de invierno,
aburridas,
con el viento soplando frío en la calle,
con el cuerpo al abrigo de las paredes y los libros,
con el tiempo corriendo en nuestra contra.
Apareciste ante mí, de improviso.
Desde el primer momento, me llamaste la atención.
Te invité a mi mesa,
aunque acabé en la tuya...
¿Cuál fue tu consumición?
Poco importa,
aunque sí la recuerdo:
aquella tarde apuraste,
en copa larga,
sin hielo,
mi corazón.
Yo traté de beberme tu alma,
a largos sorbos,
a largos besos.
¿Cómo fue que nos amamos?
Eso ya no lo recuerdo,
sólo sé que sucedió,
que tuve junto a mí tu cuerpo,
que lo toqué y lo besé,
y que lo amé con locura,
con la locura del que ama
algo que es pasajero,
algo que a tu puerta llama
para acabar yéndose luego.
Aquello fue la locura,
nuestra primera desconexión
con el mundo de los cuerdos.
Loca tú, loco yo... totalmente...
Fue una tarde de invierno...
y no me preguntes cómo,
pero sucedió. Y me alegro.
Tú eras de lejos, y los encuentros
eran furtivos y distantes
en el tiempo.
Pero eran, que es lo que cuenta.
Pero fueron.
Y, lentamente,
muy poco a poco,
se fue haciendo más frecuente
el que me volviera loco
hasta que una mañana,
al llegar la madrugada,
me desperté contigo en la mente...
Supe así que te quería,
pero nunca te lo dije.
Nunca, hasta aquel día.
II. ME DAS
Fue en un lugar diferente,
un lugar por mí elegido...
Tú llevabas otro traje.
Yo esperaba,
como siempre,
matando el rato en la barra.
Y llegaste hasta mi lado
y nos fuimos a una mesa,
allá en los reservados,
donde a nadie le interesa
lo que digamos o hagamos.
Y nos miramos de nuevo,
y entonces lo supimos...
Y tú dijiste un "te quiero"
y lanzaste un suspiro...
y yo lo recogí al vuelo,
y así lo hice mío,
y te devolví el "te quiero"
y fue un momento divino.
Y del cielo, al infierno,
con cuatro frases concretas.
Y una sentencia de muerte
a nuestro amor, y una fecha...
la de un enlace maldito
que si no se produjera
me haría tan feliz...
Pero era cosa hecha.
Y me diste aún tu amor,
y tu carne, y tu vida...
y yo a ti te lo dí todo,
que en mí es nada, querida...
Y nos fue pasando el tiempo
acercándose ese día
que quemaba nuestra piel
como un hierro al rojo quema...
y con la fe del que blasfema
cuando ve encender su pira
maldijimos ese día...
maldijimos esa hoguera
que a nuestro amor daba lumbre
y a nuestra vida, su muerte...
III. ME DARÁS
Y se acerca paso a paso
esa muerte anunciada...
Y sé que, con tu mirada,
cuando te llegue el momento,
anularás la palabra
que darás al casamiento.
Anularás ese "sí" que no dices convencida...
Anularás a ese hombre, a esa gente, a esa vida...
Y sé que no seré yo
donde dirijas tus pasos...
Y sé que nunca sabré
nada más de ti, mi amada...
Sé que no te casarás,
quizá con los labios sí,
pero no con la mirada...
Y sé que no volverás
al lecho del que te quiso,
que no pedirás cobijo
en mi casa ni una noche...
Sé que nunca llamarás
con tus manos tan queridas
a mi puerta, suplicando
que te cure las heridas...
Sé que nunca seré yo
quien vuelva a estar a tu lado...
Yo, a quien tanto tú has dado,
marcharé de tu existencia...
Bastante ya te he causado...
tus lágrimas... tu dolor...
no me lo tengas en cuenta...
Sé que al fin te marcharás
casada o no: no me importa.
No me importa por que sé
que si por amor casaras,
te casarías conmigo...
Y si te casas sin amor...
... ése no es tu marido.
__________________________________________
(P.D.: Casó y marchó y nunca más supe de ella).
I. ME DISTE
Fue una tarde,
una de esas tardes de invierno,
aburridas,
con el viento soplando frío en la calle,
con el cuerpo al abrigo de las paredes y los libros,
con el tiempo corriendo en nuestra contra.
Apareciste ante mí, de improviso.
Desde el primer momento, me llamaste la atención.
Te invité a mi mesa,
aunque acabé en la tuya...
¿Cuál fue tu consumición?
Poco importa,
aunque sí la recuerdo:
aquella tarde apuraste,
en copa larga,
sin hielo,
mi corazón.
Yo traté de beberme tu alma,
a largos sorbos,
a largos besos.
¿Cómo fue que nos amamos?
Eso ya no lo recuerdo,
sólo sé que sucedió,
que tuve junto a mí tu cuerpo,
que lo toqué y lo besé,
y que lo amé con locura,
con la locura del que ama
algo que es pasajero,
algo que a tu puerta llama
para acabar yéndose luego.
Aquello fue la locura,
nuestra primera desconexión
con el mundo de los cuerdos.
Loca tú, loco yo... totalmente...
Fue una tarde de invierno...
y no me preguntes cómo,
pero sucedió. Y me alegro.
Tú eras de lejos, y los encuentros
eran furtivos y distantes
en el tiempo.
Pero eran, que es lo que cuenta.
Pero fueron.
Y, lentamente,
muy poco a poco,
se fue haciendo más frecuente
el que me volviera loco
hasta que una mañana,
al llegar la madrugada,
me desperté contigo en la mente...
Supe así que te quería,
pero nunca te lo dije.
Nunca, hasta aquel día.
II. ME DAS
Fue en un lugar diferente,
un lugar por mí elegido...
Tú llevabas otro traje.
Yo esperaba,
como siempre,
matando el rato en la barra.
Y llegaste hasta mi lado
y nos fuimos a una mesa,
allá en los reservados,
donde a nadie le interesa
lo que digamos o hagamos.
Y nos miramos de nuevo,
y entonces lo supimos...
Y tú dijiste un "te quiero"
y lanzaste un suspiro...
y yo lo recogí al vuelo,
y así lo hice mío,
y te devolví el "te quiero"
y fue un momento divino.
Y del cielo, al infierno,
con cuatro frases concretas.
Y una sentencia de muerte
a nuestro amor, y una fecha...
la de un enlace maldito
que si no se produjera
me haría tan feliz...
Pero era cosa hecha.
Y me diste aún tu amor,
y tu carne, y tu vida...
y yo a ti te lo dí todo,
que en mí es nada, querida...
Y nos fue pasando el tiempo
acercándose ese día
que quemaba nuestra piel
como un hierro al rojo quema...
y con la fe del que blasfema
cuando ve encender su pira
maldijimos ese día...
maldijimos esa hoguera
que a nuestro amor daba lumbre
y a nuestra vida, su muerte...
III. ME DARÁS
Y se acerca paso a paso
esa muerte anunciada...
Y sé que, con tu mirada,
cuando te llegue el momento,
anularás la palabra
que darás al casamiento.
Anularás ese "sí" que no dices convencida...
Anularás a ese hombre, a esa gente, a esa vida...
Y sé que no seré yo
donde dirijas tus pasos...
Y sé que nunca sabré
nada más de ti, mi amada...
Sé que no te casarás,
quizá con los labios sí,
pero no con la mirada...
Y sé que no volverás
al lecho del que te quiso,
que no pedirás cobijo
en mi casa ni una noche...
Sé que nunca llamarás
con tus manos tan queridas
a mi puerta, suplicando
que te cure las heridas...
Sé que nunca seré yo
quien vuelva a estar a tu lado...
Yo, a quien tanto tú has dado,
marcharé de tu existencia...
Bastante ya te he causado...
tus lágrimas... tu dolor...
no me lo tengas en cuenta...
Sé que al fin te marcharás
casada o no: no me importa.
No me importa por que sé
que si por amor casaras,
te casarías conmigo...
Y si te casas sin amor...
... ése no es tu marido.
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(P.D.: Casó y marchó y nunca más supe de ella).