Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
¿Donde está el tiempo?.
¿Donde está el cielo?.
¿Donde están los sueños?.
¿Donde está el verano que le sobra
a las hojas secas de algún otro invierno?.
¿Donde están las piedras sin sol,
bajo los pies, cuando no te veo?,
¿Donde está su gris, su marrón, su blanco?.
¿Donde está su silencio?.
Porqué no me gritan cuando las ando
si saben que te busco, que te busco como un ciego
que araño el colchón de playas de arena,
de rodillas, rezando con los dedos.
Porqué no me ayuda el Dios de la noche
cuando quemo mi camisa contra el frio del viento.
Porqué las nubes blancas de hada, me lloran su rocío
y yo, porqué nunca amanezco.
Porqué el día nunca llega, nunca llegas a mí,
nunca te encuentro
y de nuevo otra noche oscura, otra luna llena,
el calor de otro mes de enero.
Las risas lejanas, las aves de paso,
los trenes del destierro,
la soledad de uno mismo, el dolor de quién calla,
la lluvia sin el febrero
de un marzo de banderolas blancas
en la orilla de un mar de miedos.
El atardecer de mil abriles,
quemándome la piel de luz de deseo,
de inacabadas canciones sin baile
en el salón de los pasos lentos,
de un día, creo que un día de mayo,
de no hace mucho tiempo,
en que se me descosió el alma al perder los alfileres
que me cosían tus recuerdos.
¿Donde está el cielo?.
¿Donde están los sueños?.
¿Donde está el verano que le sobra
a las hojas secas de algún otro invierno?.
¿Donde están las piedras sin sol,
bajo los pies, cuando no te veo?,
¿Donde está su gris, su marrón, su blanco?.
¿Donde está su silencio?.
Porqué no me gritan cuando las ando
si saben que te busco, que te busco como un ciego
que araño el colchón de playas de arena,
de rodillas, rezando con los dedos.
Porqué no me ayuda el Dios de la noche
cuando quemo mi camisa contra el frio del viento.
Porqué las nubes blancas de hada, me lloran su rocío
y yo, porqué nunca amanezco.
Porqué el día nunca llega, nunca llegas a mí,
nunca te encuentro
y de nuevo otra noche oscura, otra luna llena,
el calor de otro mes de enero.
Las risas lejanas, las aves de paso,
los trenes del destierro,
la soledad de uno mismo, el dolor de quién calla,
la lluvia sin el febrero
de un marzo de banderolas blancas
en la orilla de un mar de miedos.
El atardecer de mil abriles,
quemándome la piel de luz de deseo,
de inacabadas canciones sin baile
en el salón de los pasos lentos,
de un día, creo que un día de mayo,
de no hace mucho tiempo,
en que se me descosió el alma al perder los alfileres
que me cosían tus recuerdos.
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